Las grandes ciudades españolas avanzan hacia un modelo de movilidad cada vez más restrictivo con el vehículo privado. En este contexto, la DGT ha dejado clara su posición respecto al futuro del acceso al centro urbano en capitales como Madrid y Barcelona. El mensaje no distingue entre tecnologías ni etiquetas ambientales: el protagonismo del coche en los núcleos centrales está llamado a reducirse de forma drástica.
El director de la DGT, Pere Navarro, ha sido especialmente contundente al descartar el debate centrado exclusivamente en las emisiones. Según su planteamiento, la discusión no se limita a si el vehículo es diésel, gasolina o eléctrico. La cuestión de fondo es el espacio disponible y el modelo de ciudad que se quiere consolidar en los próximos años.
El centro urbano, reservado a otros modos de transporte
En declaraciones recientes, Pere Navarro ha señalado que el debate sobre “emisiones sí o emisiones no” queda superado por una realidad más amplia: al centro de la ciudad no se va ni en eléctrico, ni en diésel ni en gasolina. El planteamiento que respalda la DGT pasa por priorizar el transporte público como principal vía de acceso a las zonas más congestionadas.
Lo destacable en este caso es que la restricción conceptual no se limita a los vehículos más contaminantes. Incluso los modelos eléctricos, que cuentan con etiqueta Cero y no generan emisiones directas, quedarían fuera de la ecuación como solución generalizada para acceder al corazón de Madrid o Barcelona. El enfoque no es tecnológico, sino estructural.
La DGT considera que el problema principal en los centros urbanos no es únicamente la calidad del aire, sino la saturación del espacio. Calles estrechas, alta densidad de peatones y necesidad de priorizar zonas verdes y movilidad activa obligan a replantear el papel del automóvil. En este sentido, el organismo respalda una transición hacia ciudades donde el transporte colectivo y compartido tenga mayor peso.
Transporte público y servicios bajo demanda como alternativa
El planteamiento defendido por la DGT sitúa al transporte público como eje central del desplazamiento hacia el centro. Metro, autobuses y trenes de cercanías se configuran como la opción prioritaria para absorber la demanda diaria de movilidad en estas áreas.
En casos de urgencia o necesidad puntual, Pere Navarro ha apuntado que la alternativa pasa por servicios como taxi, Uber o Cabify, fórmulas que permiten reducir el número total de vehículos en circulación frente al uso masivo del coche privado. La idea es clara: menos automóviles particulares y mayor eficiencia en la ocupación del espacio urbano.
Cabe destacar que esta visión encaja con el desarrollo de las Zonas de Bajas Emisiones ya implantadas en numerosas ciudades españolas. Aunque estas áreas comenzaron centradas en limitar el acceso a vehículos más contaminantes, la tendencia apunta hacia un endurecimiento progresivo de las condiciones, incluso para tecnologías consideradas limpias.
La DGT refuerza así un discurso que trasciende el tipo de motor. La movilidad urbana del futuro inmediato, especialmente en ciudades como Madrid y Barcelona, se orienta hacia un modelo donde el coche privado pierde protagonismo en el centro, independientemente de su sistema de propulsión. El objetivo es reducir congestión, mejorar la calidad del espacio público y reorganizar la circulación en favor de modos colectivos y sostenibles.
El mensaje institucional es inequívoco: el acceso al centro urbano ya no depende solo de la etiqueta ambiental. El debate se desplaza hacia la gestión del espacio y la eficiencia del transporte, marcando un cambio profundo en la relación entre automóvil y ciudad.