Durante años, el Dacia Sandero ha sido el símbolo del automóvil nuevo asequible. Su éxito comercial se ha basado en una fórmula sencilla pero eficaz: costes ajustados, soluciones técnicas probadas y un enfoque claramente funcional. Sin embargo, dentro de la propia gama de la marca existe un modelo que va incluso más lejos en la contención del precio, situándose como la verdadera puerta de entrada al automóvil nuevo.
Ese papel corresponde al Dacia Spring, un modelo que rompe con el planteamiento tradicional del Sandero al apostar directamente por la movilidad eléctrica y por un uso eminentemente urbano. No es ningún secreto que Dacia ha hecho del precio su principal argumento, pero con el Spring esa estrategia se lleva a un terreno diferente, en el que la simplicidad y la especialización permiten alcanzar cifras de acceso inéditas en el mercado.
Mientras el Sandero está concebido como un utilitario polivalente, capaz de cubrir con solvencia tanto desplazamientos diarios como viajes más largos, el Spring responde a una lógica mucho más concreta. Su desarrollo parte de la idea de ofrecer lo mínimo imprescindible para moverse en ciudad, reduciendo al máximo la complejidad técnica y el coste de fabricación. Esa diferencia de enfoque explica por qué el Spring puede situarse por debajo del Sandero en precio, a pesar de ser un modelo eléctrico.
Desde el punto de vista conceptual, ambos representan dos interpretaciones distintas del bajo coste. El Sandero sigue siendo el coche “para todo”, mientras que el Spring asume sin complejos su condición de segundo vehículo o de solución específica para entornos urbanos.
Dos modelos, dos usos bien definidos
El Dacia Sandero destaca por su equilibrio general. Su tamaño compacto, unido a una habitabilidad correcta y un maletero aprovechable, lo convierten en una opción válida como coche único. Su comportamiento en carretera es predecible y estable, con una puesta a punto orientada al confort y a la facilidad de conducción. En este sentido, sigue siendo uno de los modelos más racionales del segmento de acceso.
El Spring, por otro lado, prioriza la maniobrabilidad y la simplicidad. Sus dimensiones reducidas facilitan el uso en ciudad y el aparcamiento, mientras que su sistema de propulsión eléctrica ofrece una conducción suave y silenciosa. Lo destacable en este caso es que no pretende competir con el Sandero en versatilidad, sino ofrecer una solución más barata para un uso muy concreto.
A nivel dinámico, las diferencias son evidentes. El Sandero se siente más sólido en vías rápidas y ofrece mayor sensación de aplomo, mientras que el Spring está claramente orientado a trayectos cortos y ritmos tranquilos. No son modelos equivalentes, aunque compartan el mismo ADN de sencillez y economía.
Precio de acceso y coste a largo plazo
Cabe destacar que el mayor atractivo del Dacia Spring no se limita al precio de compra. Al tratarse de un vehículo eléctrico, su coste de utilización es especialmente bajo en comparación con un modelo térmico. El mantenimiento reducido y la ausencia de consumo de combustible refuerzan su planteamiento como opción económica a largo plazo, especialmente en entornos urbanos.
El Sandero, sin embargo, mantiene una ventaja clara en términos de flexibilidad. Puede afrontar sin restricciones desplazamientos largos y no depende de infraestructuras de recarga, algo que sigue siendo determinante para muchos usuarios. Aun así, su coste de uso, aunque contenido, no puede igualar el del Spring en un escenario de uso urbano intensivo.
Llama especialmente la atención que Dacia haya conseguido diferenciar ambos modelos sin que se solapen. Cada uno cumple una función clara dentro de la gama y responde a necesidades distintas, siempre bajo la misma premisa de reducir el coste final para el usuario.
De este modo, el Spring se posiciona como la opción más barata para quien busca movilidad básica en ciudad, mientras que el Sandero continúa siendo la alternativa lógica para quienes necesitan un coche único y polivalente. Dos caminos distintos dentro de una misma filosofía, con el precio como denominador común.
