La democratización del coche eléctrico ha sido durante años una promesa recurrente más que una realidad tangible. A pesar del crecimiento del segmento, el precio de acceso seguía situándose claramente por encima del de los modelos de combustión más asequibles. En este escenario, Dacia irrumpe con una propuesta que altera de forma significativa el equilibrio del mercado: el Spring, un vehículo eléctrico cuyo precio final se sitúa por debajo de los 10.000 euros.

No es ningún secreto que la marca ha construido su posicionamiento sobre la reducción de costes y la eliminación de elementos superfluos. Esa misma filosofía se aplica ahora a su modelo eléctrico más económico, que renuncia a artificios tecnológicos para centrarse en lo esencial. El resultado es un coche concebido como herramienta de movilidad básica, orientado a entornos urbanos y desplazamientos cotidianos, donde el factor precio adquiere un peso decisivo.

Este lanzamiento adquiere especial relevancia en un contexto de transición energética acelerada, con normativas cada vez más restrictivas y un público que empieza a exigir alternativas eléctricas realmente accesibles. La estrategia de Dacia no busca competir en innovación, sino en viabilidad económica, un planteamiento que hasta ahora pocos fabricantes habían llevado tan lejos.

Prestaciones ajustadas y enfoque urbano

Desde el punto de vista técnico, el modelo apuesta por un esquema mecánico sencillo. El motor eléctrico desarrolla una potencia de 45 CV, una cifra modesta pero suficiente para un uso urbano y periurbano. La aceleración y la velocidad máxima no están pensadas para un uso intensivo en carretera, sino para ofrecer una respuesta progresiva y eficiente en ciudad, donde el tráfico y los límites de velocidad condicionan el rendimiento real.

Anuncio Dacia Spring

La batería cuenta con una capacidad de 26,8 kWh, coherente con el planteamiento general del vehículo. Gracias a este acumulador, la autonomía homologada se sitúa en torno a los 230 kilómetros en ciclo WLTP, una cifra que puede superar los 300 kilómetros en uso exclusivamente urbano. En este sentido, el peso contenido y la ausencia de sistemas complejos contribuyen a maximizar la eficiencia energética.

La recarga también responde a criterios de simplicidad. El vehículo admite carga en corriente alterna hasta 6,6 kW, lo que permite completar una recarga completa en unas cuatro horas y media utilizando un punto doméstico o público convencional. No dispone de carga rápida en corriente continua, una ausencia deliberada que reduce costes y refuerza su orientación como segundo coche o vehículo principal para trayectos cortos.

En el apartado dinámico, el chasis y las suspensiones priorizan el confort y la facilidad de conducción. La dirección asistida eléctrica y el radio de giro reducido facilitan las maniobras en espacios urbanos, mientras que el bajo centro de gravedad, derivado de la ubicación de la batería, mejora la estabilidad general.

Un cambio de paradigma en el acceso al eléctrico

Lo destacable en este caso es que el precio inferior a 10.000 euros no se basa únicamente en ayudas o subvenciones puntuales, sino en un planteamiento industrial enfocado a minimizar costes desde el diseño. Esto permite que el modelo se sitúe en una franja de precio comparable a la de los utilitarios de gasolina más básicos, rompiendo una barrera histórica para el coche eléctrico.

El equipamiento sigue esa misma lógica. La dotación es esencial, con sistemas de seguridad obligatorios, climatización básica y una instrumentación sencilla. La conectividad avanzada y los asistentes de conducción más complejos quedan fuera de la ecuación, reforzando una propuesta honesta y coherente con su objetivo.

Por otro lado, este movimiento ejerce presión directa sobre el mercado de vehículos térmicos de acceso. La comparación ya no se limita al coste por kilómetro, sino al precio de compra inicial, un terreno donde el eléctrico empieza a ser competitivo sin necesidad de argumentos adicionales. En este sentido, la estrategia de Dacia puede marcar un punto de inflexión para otros fabricantes generalistas.

La llegada de un eléctrico tan asequible no redefine el concepto de coche tecnológico, pero sí el de coche posible. Con prestaciones suficientes, autonomía adecuada y costes contenidos, este modelo simboliza un cambio estructural en la movilidad eléctrica, donde el precio deja de ser un obstáculo insalvable y pasa a ser un argumento a favor.