No es que sea precisamente casualidad que casi todos los fabricantes de peso en Europa están apostando los últimos tiempos por ir potenciando poco a poco su catálogo con modelos que cuentan o bien con sistemas híbridos en sus motores o directamente para opciones 100 × 100 eléctricas.

Y es que, más allá de que dentro de unos años vayan a ser los eléctricos los que dominan en las carreteras del viejo continente, desde la Unión Europea se están imponiendo cada vez más normas que ponen contra las cuerdas a los coches de combustión tradicional, ya sean motores diésel o motores de gasolina.

Y una de las normativas que me has está dando de qué hablar y que entrará en vigor en verano de 2025 es la famosa Euro 7, una nueva normativa que pondrá aún más en el punto de mira a los modelos que cuentan con motores de combustión tradicionales.

En este sentido, no son pocos los fabricantes que ya han dejado muy claro que, si esta normativa entra en vigor tal y como está pensada actualmente, algunos de sus modelos, sobre todo los utilitarios con motores de gasolina más sencillos, desaparecerán del mercado, entre otras cosas porque adaptar estos motores a las condiciones que proponen desde Europa para esta nueva normativa sería muy costoso.

La normativa Euro 7 también supondrá un aumento de consumo

No ha sido otra que la ACEA, la patronal de fabricantes de coches europeos, la que ha encargado un estudio a Frontier Economics cuyos resultados no es que sean precisamente muy esperanzadores para este tipo de coches.

Entre otras cosas porque “A lo largo de la vida útil de un vehículo, esto podría aumentar los costes de combustible en un 3,5%, lo que equivale a 20.000 euros más en el caso de los camiones de largo recorrido y 650 euros en el de los turismos y furgonetas”, como apunta dicho informe.

Informe que concluye también qué “estos costes indirectos, ignorados en la evaluación de impacto de la Comisión, se añaden a los costes directos. Aumentarían el coste total de poseer un vehículo, lo que supondría una presión financiera adicional para los consumidores y las empresas en un momento de elevada inflación y subida de los precios de la energía”.

A falta de saber si realmente esta nueva normativa se va aplicar con los términos actuales o si va haber modificaciones en el futuro, es evidente que la industria del automóvil en Europa ya se está movilizando en contra.