Cuarenta años después de la catástrofe de la planta nuclear de Chernóbil, entonces en la República Socialista Soviética de Ucrania, parte de la URSS, el actual presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha querido recordar el desastre de 1986 advirtiendo contra el “terrorismo nuclear” ruso. “Hace cuarenta años, el mundo hizo frente a uno de los desastres nucleares más grandes, el cuarto reactor de la Central Nuclear de Chernóbil explotó. Una cantidad importante de material radiactivo fue liberado. Cientos de miles de personas han estado sufriendo las consecuencias de aquella tragedia durante años”, ha escrito Zelenski en un mensaje que ha compartido en las redes sociales. El mandatario ha recordado que se construyó un sarcófago sobre el reactor destruido para contener la radiación y que más de 40 países han contribuido a sellarlo para prevenir nuevos desastres. “Estas dos estructuras son las que protegen contra las fugas de radiación y la contaminación. Su mantenimiento y protección redundan en beneficio de todos. Pero con su guerra, Rusia vuelve a poner el mundo al límite de un desastre provocado por el hombre”, ha asegurado. En este sentido, ha recordado que los drones iraníes Shahed sobrevuelan permanentemente la antigua central nuclear y que uno de ellos impactó contra el sarcófago el año pasado.

Por esta razón, ha subrayado que “el mundo no debe permitir que este terrorismo nuclear continúe, y la mejor manera de conseguirlo es obligar a Rusia a detener sus ataques insensatos”. Zelenski pide, por lo tanto, que “la memoria de todas las víctimas del desastre de Chernóbil perdure”. La Unión Europea también ha aprovechado la efeméride para denunciar los “incesantes” ataques de Rusia contra la estructura construida para contener el reactor explotado de Chernóbil. La Alta Representante para la Política Exterior y la Seguridad de la UE, Kaja Kallas, aseguró el sábado que “los incesantes ataques de Moscú socavan décadas de esfuerzos internacionales y una inversión de hasta 2.100 millones de euros para mitigar las consecuencias del desastre”. Kallas recordó también “la toma de control ilegal y la ocupación rusa” de la central nuclear de Zaporiyia, al sur de Ucrania, y destacaba que se trata de la instalación nuclear más grande del continente europeo. “Aumenta significativamente los riesgos para la vida humana y el medio ambiente”, reprochaba. Por su parte, el ministro de Exteriores de Ucrania, Andrí Sibiha, ha afirmado en otro mensaje en las redes sociales que “Moscú utiliza las instalaciones nucleares como herramientas de chantaje” y que “Rusia ha convertido el peligro nuclear en un arma”

Rusia no ha aprendido las lecciones de Chernóbil

Ante esto, hace un llamamiento a “poner fin al chantaje nuclear”: “Hacemos un llamamiento a todos los Estados que valoran la estabilidad global. Su papel a la hora de aumentar la presión sobre el agresor es fundamental”. El ministro asegura que para Ucrania el desastre de Chernóbil no es solo historia, sino también un recuerdo vivo, un sacrificio y una muestra de resiliencia. Pero dice que las lecciones de aquel momento vuelven a ponerse en duda, y ha puesto el acento en que las acciones de Rusia —desde la ocupación militar del emplazamiento de Chernóbil en 2022 hasta la militarización de las instalaciones nucleares como la de Zaporiyia y el chantaje— suponen una amenaza directa para la seguridad mundial. “Utilizar los riesgos nucleares como arma es inaceptable y debe ser rechazado con firmeza. No puede haber tolerancia para la coerción nuclear ni el terrorismo. La comunidad internacional debe permanecer unida para exigir responsabilidades a Rusia, reforzar la seguridad nuclear y garantizar que las tragedias del pasado nunca se repitan”, ha dicho Sibiha.

Ataque ruso en 2025

En febrero de 2025, un ataque ruso con drones Shahed iraníes golpeó el Nuevo Confinamiento Seguro del reactor 4 de Chernóbil, una estructura diseñada para permitir el desmantelamiento seguro del antiguo sarcófago en su interior, y ocasionó daños importantes. Según los analistas ucranianos, el ataque fue deliberado y ha puesto un freno significativo a un esfuerzo que costó prácticamente 2.100 millones de euros para proteger el reactor dañado por la explosión de 1986. Los resultados del ataque implican que el NCS ya no cumple plenamente su función inicial: aislar cualquier posible liberación de materiales radiactivos. Aunque el agujero que provocó el ataque fue cubierto y la estructura, de 36.000 toneladas de peso, no sufrió ningún daño estructural crítico, los bomberos tuvieron que perforar aproximadamente 330 agujeros para extinguir el incendio en el interior después del bombardeo. Esto comprometió aún más la impermeabilidad de la estructura y la expone a daños acelerados por corrosión con la posible entrada de agua. 

El 50% de la membrana sintética de la cara norte se quemó y deberá ser reemplazada, según indica un informe de la ONG ecologista Greenpeace. Este hecho ha detenido los trabajos de desmantelamiento del antiguo sarcófago en su interior y acortará la vida útil del NCS. “El ataque con drones rusos ha aumentado el riesgo de que el sarcófago colapse antes de que pueda ser desmantelado de forma segura”, asevera Shaun Burnie, de Greenpeace Ucrania. Las reparaciones podrían durar unos cuatro años, con un coste que el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (BERD) estima que podría ser de 500 millones de euros. Pero a juicio de Olga Kosharna, cofundadora del Centro Nuclear de Expertos Anticrisis de Ucrania, “las reparaciones podrían no tener mucho sentido si Rusia vuelve a atacar”, y señala que la explosión de un misil ruso cercano a la estructura equivaldría a un terremoto. “Es difícil comprender la magnitud de las condiciones mortales dentro del sarcófago. Hay toneladas de combustible nuclear, polvo y escombros altamente radiactivos”, añade Erich Schmeiman, ingeniero, autor del informe de Greenpeace y que participó en la creación del NSC.