El primer ministro polaco, Donald Tusk, ha advertido este jueves que Rusia ya está librando una "guerra híbrida" contra Polonia y que las provocaciones pueden ir a más. En un discurso en el Parlamento con motivo del 87.º aniversario de la invasión soviética de 1939, y después de los últimos incidentes registrados en el país, Tusk ha asegurado que Moscú "no necesita cruzar nuestra frontera" porque ya actúa mediante drones, sabotajes y desinformación en internet. Según ha explicado, las evaluaciones de inteligencia apuntan a "planes para ataques híbridos con drones y misiles" contra países que apoyan a Ucrania, incluida Polonia, unas informaciones que ha calificado de "muy coherentes y convincentes". El primer ministro ha anticipado provocaciones "mucho más peligrosas" que las vividas hasta ahora y ha advertido que Rusia podría presentar eventuales ataques como "accidentales" para intentar debilitar la determinación de la OTAN a la hora de activar los mecanismos de defensa previstos en el tratado.
El objetivo del Kremlin es erosionar la cohesión interna de la OTAN y alimentar la idea de que el artículo 5, que establece la defensa colectiva, es "más teórico que práctico", dice Tusk. Según el mandatario polaco, no todos los dirigentes occidentales comparten el mismo grado de compromiso con Polonia, Lituania, Letonia o Estonia y ha alertado de que hay fuerzas políticas europeas que "actualmente están ganando fuerza e influencia" y que, a su parecer, buscan argumentos para evitar una implicación militar. "No moriremos por Polonia; no moriremos por Letonia o Lituania", ha resumido sobre el planteamiento que atribuye a estos sectores.
Durante los últimos meses, Estonia, Lituania, Polonia, Moldavia, Dinamarca y más países han notificado incidentes con Rusia, desde incursiones en el espacio aéreo nacional hasta actos de sabotaje en internet. En este sentido, Tusk ha advertido que el Kremlin podría repetir este tipo de incidentes para proyectar, con el paso del tiempo, una imagen cada vez más clara de la "impotencia de la OTAN". Ante este escenario, ha reclamado que cualquier cuestión relacionada con la seguridad fronteriza, el espacio aéreo o la protección de la población se gestione "con una sola voz" y con decisiones conjuntas. "Debemos superar esta prueba, todos nosotros, tanto los políticos como la nación en conjunto", ha afirmado. El primer ministro también ha advertido que la ciudadanía exigirá responsabilidades a sus dirigentes si no están a la altura del reto y ha insistido en que "todo el mundo lo tiene que entender de una vez".
Tusk ha defendido que esta misma exigencia de compromiso obliga a Polonia a asumir una posición inequívoca en defensa del resto de aliados. "El artículo 5, la lealtad dentro de la alianza y la fidelidad a nuestros compromisos deben convertirse en nuestro sello distintivo", ha afirmado. El primer ministro ha subrayado que esta actitud es especialmente importante para un país situado en el flanco oriental de la OTAN, ya que, por su posición geográfica, Polonia podría acabar dependiendo más del apoyo de sus socios que otros estados miembros como "Portugal o Irlanda".
Ucrania, muro de contención
Esta política de cerrar filas empieza, sin embargo, con un país que no forma parte de la OTAN: Ucrania. Tusk ha advertido que el próximo otoño e invierno pueden convertirse en "el momento más crítico" de la invasión rusa, coincidiendo con una intensificación de los ataques. El primer ministro polaco considera que Moscú buscará golpear de manera sistemática la economía y la logística ucranianas, con ofensivas constantes y de alta intensidad contra las principales ciudades del país. Entre los objetivos ha situado almacenes con productos esenciales para la defensa e infraestructuras ferroviarias, que ya han sufrido daños graves durante las últimas semanas.
Varios analistas coinciden a la hora de señalar que la estrategia rusa de "provocación" hacia Europa podría derivar en un error de cálculo del Kremlin que forzara una respuesta taxativa de algún miembro de la OTAN; una respuesta militar. El precedente más claro se remonta a 2018, en Siria, cuando un ataque de mercenarios rusos del grupo Wagner contra posiciones estadounidenses recibió una contundente respuesta de Estados Unidos. El problema es que una situación parecida en Europa tendría unas implicaciones mucho más profundas, porque cualquier respuesta armada podría abrir una fase de confrontación para la cual los ejércitos aliados y las sociedades europeas "no están preparados para contrarrestar de manera eficaz", según Tusk.
