Rusia intensifica cada día que pasa la presión militar cerca de las fronteras de la Unión Europea. Hace meses que el Kremlin se mueve en una estrategia de zona gris, es decir, provocar sin forzar una respuesta, pero el riesgo de dar un paso en falso es cada vez más alto. Este jueves, el primer ministro Donald Tusk ha denunciado un "ataque ruso masivo y brutal" contra el oeste de Ucrania, muy cerca de Polonia, concretamente en el área de Yahodyn y Dorohusk, donde un bombardeo sobre una estación de servicio ha provocado una gran explosión. La ofensiva ha obligado a suspender vuelos en aeropuertos polacos y ha activado nuevamente la respuesta militar del país. Tusk ha explicado que varios cazas de combate han hecho "despegues de emergencia" dentro de las misiones de vigilancia ante los ataques rusos cerca de la frontera.
Las sirenas de alerta han sonado en el este de Polonia después de que los ataques rusos sobre Ucrania se acercaran hasta solo cuatro kilómetros de la frontera de la OTAN. El ejército polaco ha asegurado que no se ha detectado ninguna violación del espacio aéreo nacional, pero el ministro de Defensa, Władysław Kosiniak-Kamysz, ha advertido que el nivel de riesgo es cada vez más alto. "La situación es muy peligrosa", ha afirmado, intentando evitar el alarmismo, pero subrayando que no se puede minimizar la amenaza. Según el ministro, Rusia "va hacia arriba" en la escalada de violencia y recurrirá a "provocaciones cada vez más nuevas".
El episodio de este jueves se añade a una sucesión de incidentes registrados desde el fin de semana en varios puntos de Europa. Los exprimeros ministros del Reino Unido Boris Johnson y de Suecia Carl Bildt viajaban en un tren de Ucrania hacia Polonia cuando el convoy que circulaba justo detrás suyo fue atacado por un dron ruso; en Lituania, otro aparato de probable origen ruso fue abatido; un tercero llegó hasta las costas polacas, y un helicóptero danés estuvo a punto de ser impactado por una bengala rusa. A esto se suma la parada de trenes en los Países Bajos por un acto de sabotaje que todavía no ha sido reivindicado. En este contexto, Tusk ha publicado en la red social X un vídeo coincidiendo con el 87.º aniversario de la invasión soviética de Polonia de 1939 y ha lanzado un mensaje inequívoco: "No buscamos la guerra, pero si alguien se atreve a atacarnos, se encontrará con una respuesta firme. Nuestra y de nuestros aliados".
Putin tensa la cuerda
Según un análisis de la CNN, esta estrategia de provocaciones respondería a dos objetivos principales de Vladímir Putin. El primero sería elevar la percepción del coste de mantener el apoyo a Ucrania y hacer que este pese cada vez más en la opinión pública europea, especialmente en un contexto en que diversas fuerzas de derecha prorrusas compiten electoralmente en diferentes países. El segundo buscaría poner a prueba hasta dónde llega el Artículo 5 de la OTAN, que establece que un ataque contra un miembro es un ataque contra todos. La cadena norteamericana subraya que Rusia ha ido acumulando sabotajes, incursiones fronterizas y presuntos complots de asesinato sin desencadenar una respuesta equiparable a la que estos episodios habrían provocado durante la Guerra Fría, hasta el punto de que, según esta lectura, acciones antes excepcionales empiezan a percibirse "como habituales".
El riesgo, según esta lectura, es que la acumulación de incidentes acabe desembocando en un error de cálculo que obligue a algún miembro de la OTAN a responder militarmente. El precedente más claro se remonta a 2018, en Siria, cuando un ataque de mercenarios rusos del grupo Wagner contra posiciones norteamericanas recibió una contundente respuesta de Estados Unidos. El problema es que una situación parecida en Europa tendría unas implicaciones mucho más profundas, porque cualquier respuesta armada podría abrir una fase de confrontación para la que ni los ejércitos aliados ni las sociedades europeas parecen preparados. Con cada nueva provocación, aumenta así la posibilidad de que un paso en falso de Moscú acabe forzando una reacción.