La retórica del presidente Donald Trump sobre Irán parece abrir un nuevo capítulo de tensión, un juego peligroso que combina moralidad, estrategia y espectáculo mediático. Tras semanas de críticas al régimen teocrático por la represión de los manifestantes, Trump ha dejado claro que considera una “obligación moral” intervenir si Irán ejecuta a sus ciudadanos pacíficos, según recoge CNN. Pero las advertencias no son compromisos concretos, y su ejecución efectiva plantea riesgos que podrían superar cualquier ventaja.

Según el ex secretario de Defensa y exdirector de la CIA Leon Panetta, citado por la misma cadena norteamericana, “el presidente ha indicado a los iraníes que recibirán ayuda. Por eso, creo que es obligación del presidente hacer algo”. Panetta no habla de una invasión a gran escala, pero subraya que la credibilidad de Estados Unidos depende de mostrar apoyo a los manifestantes. Esta combinación de moralidad y presión estratégica es típica de Trump: una mezcla de urgencia humanitaria y oportunidad geopolítica.

Los datos de la represión

Los datos sobre la represión en Irán son alarmantes. Con más de 2.400 muertes reportadas y un corte generalizado de internet que dificulta verificar los hechos, la violencia del régimen es clara. Expertos como Karim Sadjadpour, del Carnegie Endowment for International Peace, recuerdan que las reiteradas amenazas presidenciales han elevado las expectativas de los manifestantes. “Muchos toman en serio sus palabras y esperan, al menos, un escudo americano contra este régimen brutal”, asegura Sadjadpour también a la CNN.

Gente paseando ante un mural que representa al líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, y al ayatolá Ruholá Jomeini, en Teherán / EFE

Estratégicamente, Trump podría ver una ventana de oportunidad. El régimen iraní es débil por falta de recursos, la edad avanzada de Ali Khamenei abre escenarios de incertidumbre, y la guerra con Israel ha erosionado la capacidad regional del país. La historia reciente muestra que Irán ha sido golpeado por diversos frentes, y muchos de sus líderes militares e inteligentes han desaparecido tras conflictos como la guerra israelí del año pasado. Todo ello podría parecer el momento ideal para intentar desestabilizar un régimen que hace años amenaza a Estados Unidos y a sus aliados.

Pero la historia y la geopolítica ofrecen advertencias claras. La intervención americana en Vietnam, Irak, Afganistán o Libia muestra que incluso razones aparentemente sólidas pueden desembocar en fiascos complejos. Los impactos inesperados son frecuentes: lo que empieza como un gesto simbólico puede convertirse en un desastre humanitario y diplomático. Como recuerda la experiencia de Obama con las protestas del Movimiento Verde en 2009, intervenir de manera precipitada puede dar argumentos al régimen para intensificar la represión

Capacidad material de EE. UU. limitada

La capacidad material de los Estados Unidos también es limitada. Los recursos militares ya están distribuidos: una gran armada alrededor de Venezuela, aviones estacionados en bases en Oriente Próximo y grupos de portaaviones en otros puntos críticos, según el US Naval Institute. Esto complica cualquier operación que requiriera desplegar fuerzas de manera inmediata y efectiva. La complejidad del terreno político y militar iraní no es comparable con la captura de Nicolás Maduro en Venezuela, que Trump a menudo evoca como un éxito relevante.

Existe otro dilema clave: la coherencia política. Trump ha presionado por la democracia en Irán mientras ha ignorado la oposición democrática en Venezuela. Esta dualidad pone en duda la narrativa humanitaria y genera preguntas sobre prioridad, ética y credibilidad internacional. A pesar de ello, su personalidad impulsiva y la inclinación por las acciones espectaculares hacen pensar que le sería difícil resistir la tentación de actuar.

Finalmente, como él mismo admite con su característica franqueza: “Hasta ahora, mi historial ha sido excelente, pero nunca se sabe”. Esta frase resume la paradoja de la estrategia Trump: confianza en la propia audacia combinada con incertidumbre absoluta sobre las consecuencias. Cualquier movimiento sobre Irán será un equilibrio entre apoyo a los manifestantes, riesgos geopolíticos y la capacidad real de proteger a los ciudadanos sobre el terreno

En resumen, la situación con Irán es un poliedro complejo: moralidad, oportunidad, percepción internacional y capacidad militar se mezclan. Trump se mueve entre promesas de protección a los manifestantes y la tentación de hacer historia con una acción decisiva. Pero la experiencia global recuerda que la realidad nunca es tan simple como un titular y que, cuando un presidente juega con fuego internacional, la incertidumbre es la única certeza.