El aumento de la actividad militar rusa a través de Bielorrusia ha vuelto a encender las alarmas en Ucrania. Aunque no existen indicios de una nueva ofensiva terrestre inminente desde el territorio bielorruso, las autoridades ucranianas observan con preocupación una intensificación de la cooperación entre Moscú y Minsk que podría ampliar aún más el papel de Bielorrusia en la guerra.
Según informa el diario británico The Guardian, las incursiones de drones rusos de inteligencia procedentes del espacio aéreo bielorruso han aumentado aproximadamente un 20% desde principios de año. Este incremento coincide con informaciones sobre la construcción de nuevas bases de drones rusas cerca de la frontera compartida entre Rusia y Bielorrusia, así como con la expansión de infraestructuras logísticas y de vigilancia que podrían apoyar futuras operaciones militares.
¿Qué hará Ucrania?
La respuesta de Kiev ha sido reforzar las defensas a lo largo de la frontera norte. En la región de Cherníhiv, una de las zonas utilizadas por las fuerzas rusas durante la invasión de 2022, se han intensificado los trabajos de fortificación con trincheras antitanque, obstáculos de hormigón, alambre de espino y nuevas posiciones defensivas. El objetivo es evitar cualquier sorpresa estratégica en un área que sigue siendo especialmente sensible para la seguridad ucraniana.
Las inquietudes no se centran tanto en una intervención directa del ejército bielorruso como en el papel creciente del país como plataforma de apoyo al esfuerzo bélico ruso. Desde el inicio de la invasión a gran escala, el régimen de Aleksandr Lukashenka ha permitido que Rusia utilice territorio bielorruso para operaciones militares, pero varios analistas consideran que la integración entre los dos aliados ha ido aumentando progresivamente.
En este contexto, el exministro de Asuntos Exteriores ucraniano Dmytro Kuleba ha advertido recientemente que las actuaciones de Minsk son diferentes de las observadas en 2022. Sin llegar a predecir una nueva ofensiva, Kuleba asegura que detecta una sucesión de movimientos que indican una preparación más profunda de Bielorrusia para eventuales escenarios militares.
¿Qué quiere Bielorrusia?
Otros expertos, sin embargo, se muestran escépticos sobre la posibilidad de que Lukashenko decida implicar directamente a sus fuerzas armadas en el conflicto. Argumentan que una decisión de esta magnitud podría generar importantes costes políticos internos y aumentar la vulnerabilidad del régimen. De hecho, responsables militares ucranianos han advertido que disponen de una extensa lista de objetivos estratégicos en Bielorrusia que serían atacados si Minsk participara activamente en la guerra.
A pesar de estas divergencias, existe un amplio consenso sobre una cuestión fundamental: Rusia intenta consolidar Bielorrusia como una retaguardia estable para sostener su campaña militar. Esto permite al Kremlin ampliar la presión sobre Ucrania sin asumir los riesgos de abrir un nuevo frente convencional.
Para los países europeos, el reto es interpretar correctamente esta evolución. El peligro no parece residir en una escalada repentina, sino en la normalización gradual del papel de Bielorrusia dentro de la arquitectura militar rusa. Una transformación lenta, pero constante que, a largo plazo, podría alterar el equilibrio de seguridad en el este de Europa e incrementar la tensión en las fronteras de la Unión Europea.
