Trump, por enésima vez desde que está en el cargo, ha vuelto a cargar contra uno de sus oponentes. En esta ocasión la damnificada ha sido la exvicepresidenta de los Estados Unidos, Kamala Harris, que se queda sin protección del Servicio Secreto a partir del 1 de septiembre, después de que el presidente Donald Trump haya ordenado retirarle el dispositivo de seguridad ampliado que había sido autorizado por el expresidente Joe Biden. La decisión llega en un momento clave donde Harris está a punto de iniciar una gira nacional para promocionar un libro sobre sus memorias, 107 Days, que se publicará el 23 de septiembre. En un memorándum dirigido al secretario de Seguridad Nacional, Kristi Noem, Trump ordena “suspender cualquier procedimiento de seguridad más allá de los requeridos por ley”. El documento solo incluye la fecha de finalización de la protección y no contiene ninguna justificación adicional.

Según ha adelantado CNN y han confirmado otros medios norteamericanos, Biden había firmado una directiva confidencial antes de dejar el cargo que prorrogaba la protección de Harris hasta enero de 2026, un año más de lo que prevé la ley. Los exvicepresidentes solo tienen derecho a protección federal durante seis meses después de dejar el cargo; en el caso de Harris, este plazo había expirado el 21 de julio de 2025.

¿Qué supone esto?

La retirada del dispositivo significa el final de la protección personal que la demócrata tenía las 24 horas día, los siete días a la semana y los 365 días al año. Ahora, los agentes federales dejarán de custodiar a Harris en todo momento y también se retirarán de su residencia en Los Ángeles. Por otra parte, también dejará de contar con el seguimiento y análisis del servicio de inteligencia y, a partir de este lunes, se cancela la monitorización de redes sociales, correos electrónicos y mensajes de texto que servía para detectar posibles amenazas. Con eso, los asistentes de Harris temen perder el mismo acceso a advertencias de amenazas, según han expresado las personas familiarizadas con la seguridad.

A partir de ahora, la que fue candidata en las pasadas elecciones norteamericanas, tendrá que recurrir a equipos de seguridad privados, con un coste de más de un millón de dólares anuales, menos integrados con los sistemas de inteligencia nacional y no tan eficaces. Varios asesores de la exvicepresidenta han expresado preocupación por su vulnerabilidad, especialmente ante el clima político polarizado y después de dos intentos de asesinato contra Trump durante la campaña electoral del año pasado.

Una mujer en el punto de mira

Kamala Harris hizo historia como primera mujer y primera persona negra en ocupar la vicepresidencia de los EEUU. Estas características, sumadas a su candidatura presidencial del año pasado y a la gran polarización que vive el país (y el mundo entero), han convertido su seguridad en un tema delicado. Fuentes próximas a su oficina afirman que el nivel de riesgo ha estado “constantemente alto” desde el final de la campaña y su próxima gira de presentación de 107 Days incrementará todavía más su exposición pública, ya que será su primer gran acto mediático después de más de nueve meses de baja actividad.

La orden de Trump ha provocado críticas de cargos demócratas. El gobernador de California, Gavin Newsom, ha calificado la decisión de “temeraria y politizada”, afirmando que “la seguridad de nuestros funcionarios públicos nunca tiene que estar sujeto a impulsos políticos, vengativos y vengativos”, dijo el portavoz de Newson en la CNN. Por otra parte, la alcaldesa de Los Ángeles, Karen Bass, estudia reforzar la seguridad de Harris con recursos locales cuando la demócrata esté en la ciudad californiana. “Este es otro acto de venganza después de una lista inconclusa de represalias políticas en forma de despidos, revocación de autorizaciones de seguridad y más”, declaró Bass.