Estados Unidos e Irán han iniciado en Islamabad unas conversaciones de alto nivel para intentar poner fin a la guerra, en un contexto marcado por la desconfianza mutua y discrepancias profundas sobre cuestiones clave como el Líbano y las sanciones. Las delegaciones, encabezadas por el vicepresidente estadounidense, JD Vance, y por el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Baqer Qalibaf, se han encontrado en Pakistán con la mediación del gobierno de Shehbaz Sharif en lo que puede convertirse en el contacto más relevante entre ambos países en décadas. De hecho, si prosperan los encuentros cara a cara, serían las primeras conversaciones directas desde 2015, en un escenario marcado por una guerra que ha causado miles de muertos y ha tensado toda la región, con impacto directo en rutas energéticas estratégicas como el estrecho de Ormuz.

El Líbano y las sanciones, en el centro del bloqueo

A pesar de la expectación generada, el inicio efectivo del diálogo ha estado en duda hasta el último momento. Teherán ha condicionado cualquier negociación al cumplimiento previo de dos demandas: el desbloqueo de activos iraníes y un alto el fuego en el Líbano, un punto que choca frontalmente con la posición de Estados Unidos e Israel, que rechazan incluir este escenario dentro del acuerdo. “Dos de las medidas acordadas mutuamente entre las partes aún no se han puesto en marcha: un alto el fuego en el Líbano y la entrega antes del inicio de las conversaciones de los activos iraníes congelados”, advirtió Qalibaf.

Desde Washington, el discurso combina voluntad de negociación con advertencias contundentes. Donald Trump, como siempre, ha lanzado mensajes contradictorios: “Los iraníes no parecen darse cuenta de que no tienen ninguna carta, más allá de una extorsión a corto plazo del mundo mediante el uso de vías navegables internacionales. ¡La única razón por la que están vivos hoy es para negociar!”. En paralelo, Vance ha rebajado las expectativas apelando a la prudencia y a la necesidad de un compromiso real: “Si los iraníes están dispuestos a negociar de buena fe, nosotros por supuesto estaremos dispuestos a tenderles la mano”, advirtiendo que “si intentan jugar con nosotros, encontrarán que el equipo negociador no es tan receptivo”.

Las exigencias de las dos partes

Las posiciones de partida continúan muy alejadas. Irán defiende un plan amplio que incluye el control del estrecho de Ormuz, la retirada de fuerzas norteamericanas de la región y el fin de todas las sanciones, además de mantener su programa de enriquecimiento de uranio, que considera un derecho soberano. En cambio, Estados Unidos exige precisamente la renuncia a este programa y la entrega de reservas de uranio. Con un alto el fuego frágil y un margen inicial de dos semanas para avanzar, las negociaciones se desarrollan bajo fuertes medidas de seguridad y con la posibilidad de que sean indirectas, con mediadores pakistaníes transmitiendo mensajes entre delegaciones separadas.