El apellido Castro vuelve a situarse en el centro del debate sobre el futuro de Cuba, pero esta vez desde un registro inédito. Sandro Castro, nieto de Fidel Castro, se ha convertido en una figura mediática inesperada gracias a su actividad en las redes sociales, donde combina provocación, humor y crítica política en un país marcado por una crisis profunda. Con más de 150.000 seguidores, el joven empresario y propietario de un club nocturno rompe con la discreción habitual de su familia y se expone con vídeos que a menudo ironizan sobre la situación del país, incluso con escenas en las que un falso Donald Trump intenta “comprar” Cuba.
Lejos de considerarlo una burla, Castro defiende que su contenido refleja el malestar general. “Estoy haciendo vídeos sobre una situación tensa y triste”, asegura en una entrevista a la CNN. “Al menos estoy tratando de hacer feliz a la gente. De sacarles una sonrisa. Nunca me burlaría de una situación que yo también sufro”. Su discurso conecta con la realidad cotidiana de muchos cubanos, marcada por apagones constantes, falta de agua y escasez de productos básicos. “Es tan difícil”, admite. “Sufres miles de problemas. En un día, puede que no haya electricidad, no haya agua. Los productos no llegan. Es muy duro, realmente duro”.
Un heredero que cuestiona el modelo
A pesar de reivindicar su apellido —“Mi nombre es mi nombre. Estoy orgulloso de mi nombre”—, Sandro Castro no evita las críticas al sistema actual. Se define como “un revolucionario, pero un revolucionario de ideas, de progreso, de cambio” y apuesta por reformas económicas profundas. “Tenemos que abrir el modelo económico, eliminar la burocracia”, afirma, en una crítica directa a la estructura que impulsó su abuelo. También se muestra contundente con el actual presidente cubano: “No diría que está haciendo un buen trabajo. Para mí, no está haciendo un buen trabajo”.
En este contexto, el nieto de Fidel Castro defiende abiertamente una orientación hacia el capitalismo e incluso ve con buenos ojos un acercamiento a Estados Unidos como vía para salir de la crisis. “Hay muchas personas en Cuba que piensan de manera capitalista. Hay muchas personas aquí que quieren hacer capitalismo con soberanía”, explica. Y concluye con una afirmación que sintetiza su posicionamiento: “Creo que la mayoría de los cubanos quieren ser capitalistas, no comunistas”. Sus palabras, sin embargo, contrastan con su propia imagen pública, rodeada de privilegios que muchos consideran inaccesibles en un país donde el salario medio es inferior a los 20 dólares mensuales.
Movimientos en la sombra y presión de EE. UU.
Mientras Sandro Castro genera ruido desde las redes, otros miembros de la familia se mueven en un plano mucho más discreto pero potencialmente decisivo. Según la agencia Axios, el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, mantiene conversaciones con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro (hermano de Fidel Castro), en un intento de encontrar vías de cambio en la isla al margen de los canales oficiales. “No lo calificaría tanto de ‘negociaciones’ como de ‘conversaciones’ sobre el futuro”, apunta un alto cargo de la administración Trump, que deja claro el objetivo de fondo: “Nuestra posición —la del gobierno de los Estados Unidos— es que el régimen debe desaparecer”.
Estas conversaciones reflejan la percepción de Washington de que sectores más jóvenes y con mentalidad empresarial dentro del entorno de los Castro podrían facilitar una transición. En paralelo, el mismo Donald Trump ha confirmado que hay contactos abiertos con la isla: “Estamos hablando con Cuba ahora mismo... y deberían absolutamente hacer un acuerdo”. Todo ello llega en un momento en que Cuba afronta una situación límite, con la red eléctrica fallando, hospitales restringiendo servicios y una economía cada vez más debilitada.
