Israel pierde cada vez más terreno en un frente que durante décadas había tenido casi garantizado: la opinión pública de Estados Unidos. La Casa Blanca es el principal apoyo del gobierno de Benjamin Netanyahu en todos los ámbitos —político, económico y militar—, pero la agresividad de las operaciones israelíes en Gaza, la expansión de la violencia en Cisjordania y la guerra con Irán han convertido la relación con Tel Aviv en un elemento cada vez más polarizador dentro de la sociedad estadounidense. El apoyo incondicional a Israel ya no funciona como un dogma incontestable y el último caso que pone de manifiesto esta tendencia se ha producido este mismo jueves, cuando el embajador de Estados Unidos en Jerusalén, Mike Huckabee, ha denunciado a los "terroristas israelíes" que asediaban a una familia palestina en Qusra, al norte de Cisjordania. "Las acciones de aquellos que están llevando a cabo estos actos horribles de terror para intimidar y acosar a esta familia son repugnantes", ha afirmado.
La violencia ejercida por colonos israelíes contra la población palestina de Cisjordania se ha intensificado en los últimos años en paralelo a los bombardeos sobre la Franja de Gaza. La comunidad internacional denuncia desde hace tiempo la ilegalidad de muchos asentamientos, pero lo que resulta menos habitual es que estas críticas lleguen desde la misma diplomacia estadounidense. Huckabee ha sido especialmente contundente y ha asegurado que "no hay excusa para un comportamiento tan brutal". También ha explicado que la delegación de Estados Unidos ha instado tanto a la policía como al ejército israelíes a actuar contra estos "terroristas".
Más allá de Cisjordania, el principal foco de tensión este año ha sido la guerra con Irán. Una parte del Partido Republicano considera que el gobierno de Netanyahu ha arrastrado a Washington hacia un conflicto que era evitable. Un pensamiento compartido dentro del movimiento MAGA (Hagamos que América vuelva a ser grande, en inglés) y sus voces más influyentes. Tucker Carlson, exasesor de Trump y antiguo presentador estrella de Fox News, ha llegado a acusar al presidente estadounidense de estar bajo el "control" de Netanyahu. En la misma línea, la excongresista republicana Marjorie Taylor Greene, una de las principales aliadas de Trump hasta la ruptura entre ambos a principios de este año, se ha convertido en una de las figuras más críticas con Israel dentro del ala ultraconservadora.
División entre los demócratas
Dentro del Partido Demócrata, la relación con Israel se ha convertido en una de las principales fuentes de fractura interna. Por un lado, el establishment tradicional y moderado mantiene la línea histórica del partido, que presenta a Israel como un aliado estratégico innegociable de Estados Unidos y como la única democracia de Oriente Medio. Por otro lado, un ala progresista cada vez más crítica sostiene que Washington no puede continuar ofreciendo apoyo incondicional a un gobierno al que atribuye violaciones de los derechos humanos y responsabilidades en la crisis humanitaria de Gaza.
El ascenso del ala progresista se ha hecho visible en las primarias demócratas. El AIPAC (el principal lobby proisraelí de Estados Unidos) y otras organizaciones afines han destinado decenas de millones de dólares a apoyar a candidatos moderados e, intentar derrotar a congresistas críticos con Tel-Aviv. Pero esta inversión no siempre ha tenido efecto. La victoria de Abdul El-Sayed en Michigan confirma el empuje de un sector progresista que también ha sumado éxitos como el de Zohran Mamdani en Nueva York. Ambos representan una nueva generación de dirigentes demócratas muy críticos con Israel y partidarios de poner fin a la ayuda militar incondicional que Washington mantiene con el gobierno israelí.
Erosión en el electorado
La fractura no se ha producido solo en los despachos, también entre el electorado. Una encuesta de Gallup publicada en abril ya mostraba un cambio de tendencia de gran alcance, ya que, por primera vez, la simpatía por Palestina superaba la de Israel entre los ciudadanos de Estados Unidos. Hace una década, un 62% de los norteamericanos expresaba simpatía por Israel, frente a solo un 15% que lo hacía por Palestina. Ahora, en cambio, el apoyo a Israel ha caído hasta el 36%, mientras que el de Palestina ha crecido hasta el 41%.
Esta transformación también está marcada por una profunda brecha generacional. Las generaciones más mayores crecieron con la imagen de Israel como un estado democrático, pequeño y vulnerable, rodeado de enemigos y todavía bajo el impacto de la memoria del Holocausto. En cambio, muchos jóvenes de la generación Z y los millennials han conocido un Israel consolidado como la principal potencia militar y económica de la región e interpretan el conflicto palestino a través de marcos vinculados a la justicia social, el colonialismo y los derechos civiles. Esta mirada conecta, además, con movimientos internos de Estados Unidos como Black Lives Matter, hecho que ha contribuido a transformar la percepción de Israel entre los sectores más jóvenes del electorado.
