Irán ha admitido por primera vez una cifra de muertos muy superior a la reconocida hasta ahora a raíz de la represión de las protestas contra el régimen. Un alto cargo iraní ha asegurado este martes a Reuters, bajo condición de anonimato, que alrededor de 2.000 personas han muerto desde el inicio de las movilizaciones. Según esta fuente, las muertes —tanto de civiles como de miembros de las fuerzas de seguridad— serían atribuibles a “terroristas”. La oposición iraní, por su parte, eleva mucho más el recuento y asegura que las víctimas mortales ya serían unas 12.000, en un contexto de censura informativa y fuerte control estatal que dificulta la verificación independiente de los datos. Informes de la BBC también apuntan que el número de muertos podría superar los 10.000.

Desde las Naciones Unidas, el jefe de derechos humanos ha condenado duramente la represión. El alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Volker Türk, se ha declarado “horrorizado” por la muerte de “miles de personas” durante las protestas. “Este ciclo de violencia horrorosa no puede continuar. El pueblo iraní y sus demandas de equidad, igualdad y justicia deben ser escuchadas”, ha afirmado Türk en un comunicado leído por el portavoz del organismo, Jeremy Laurence. El alto comisionado también ha expresado su preocupación por la posible aplicación de la pena de muerte contra miles de manifestantes detenidos.

Irán dice que tiene las protestas bajo control

Las protestas comenzaron el 28 de diciembre, a raíz del aumento de los precios, pero pronto derivaron en una revuelta contra el régimen. El gobierno de Irán afirmó este lunes que tiene la situación de las masivas protestas bajo control. El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, afirmó que las fuerzas de seguridad han logrado controlar la situación y anunció que la conexión a internet, interrumpida en todo el país durante los últimos días a raíz del crecimiento de las manifestaciones, se recuperará "pronto". Según el ministro, lo que pasa en el país "no son simples protestas, sino una guerra terrorista y una prolongación de la agresión estadounidense e israelí", con la incursión, a su parecer, de grupos terroristas armados que se han infiltrado en las protestas para desvirtuar su propósito inicial.

A pesar de la magnitud de la revuelta, analistas y fuentes diplomáticas consideran que el régimen, aunque debilitado, podría resistir si no se producen deserciones internas dentro del aparato de seguridad. Esta es ya la quinta gran oleada de protestas que afronta la República Islámica desde 2009, en un momento de fuerte presión económica, sanciones internacionales y creciente tensión con Israel y Estados Unidos