La tensión entre Hungría y Ucrania da un nuevo salto político. El primer ministro húngaro, Viktor Orbán, ha hecho pública una carta abierta dirigida al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, en la que lo acusa de perjudicar directamente los intereses energéticos húngaros y de actuar en coordinación con Bruselas para favorecer un cambio de gobierno en Budapest.
El documento, publicado en la red social X y fechado el 26 de febrero de 2026, supone un nuevo episodio en la tensa relación que Orbán mantiene tanto con Kyiv como con las instituciones comunitarias desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania. El líder húngaro sostiene que Zelenski ha intentado “forzar a Hungría a entrar en guerra” y denuncia el bloqueo del oleoducto Druzhba —conocido también como “Friendship”—, clave para el suministro de petróleo al país centroeuropeo.
El oleoducto Druzhba es una de las principales arterias energéticas que conectan Rusia con varios países de Europa central y oriental. Para Hungría, que mantiene una fuerte dependencia del crudo ruso, cualquier interrupción representa un golpe directo sobre el precio de la energía y la estabilidad económica interna. Orbán ha construido buena parte de su discurso político sobre la defensa de una energía “segura y asequible” para las familias húngaras, e interpreta cualquier alteración como una agresión a los intereses nacionales.
En su carta, el primer ministro afirma que la ciudadanía húngara “no es responsable de la situación en que se encuentra Ucrania” e insiste en que el país no quiere participar en el conflicto ni financiar el esfuerzo bélico. Esta posición consolida la línea política que Budapest ha mantenido desde 2022: apoyo humanitario a Kyiv, pero rechazo al envío de armas y oposición a determinadas sanciones energéticas contra Moscú.
El mensaje escondido de Orbán
El mensaje también contiene una acusación de fondo: Orbán sugiere que Zelenski, junto con Bruselas y la oposición húngara, trabaja para favorecer un gobierno “pro-ucraniano” en Hungría. Esta afirmación traslada el conflicto más allá de la guerra y lo inscribe en la batalla ideológica que Orbán mantiene con la Unión Europea, especialmente en materia de Estado de derecho y política exterior.
Desde Kyiv no ha habido, de momento, una respuesta oficial detallada al contenido de la carta. Ucrania ha defendido reiteradamente que su lucha es por la soberanía y la integridad territorial, y que las decisiones sobre infraestructuras energéticas se enmarcan en un contexto de guerra y seguridad nacional.
El choque pone de manifiesto una fractura persistente dentro de la Unión Europea sobre cómo gestionar la relación con Rusia y hasta qué punto los Estados miembros deben asumir costes económicos en apoyo de Ucrania. Hungría se ha convertido en una voz disidente dentro del bloque, a menudo frenando o condicionando decisiones conjuntas.
Más allá de la retórica, el debate sobre el Druzhba simboliza una cuestión más profunda: hasta qué punto la guerra redefine las dependencias energéticas y las lealtades políticas en Europa. Orbán apela al “respeto por Hungría”; Zelenski reclama unidad ante la agresión rusa. Entre estos dos relatos, el continente continúa buscando equilibrio en plena guerra.
