En un mundo saturado de focos mediáticos sobre Ucrania o el sur del Mediterráneo, existe una región que hace tiempo que emerge como una de las principales líneas de fricción geopolítica globales: el Ártico. Entre el deshielo acelerado, las nuevas rutas marítimas abiertas y la carrera por recursos naturales, esta región remota se ha convertido en un epicentro de poder internacional. Es precisamente esta realidad —y su exploración detallada sobre el terreno— la que constituye el núcleo de Guerra Blanca. En el frente ártico del conflicto mundial, el ensayo periodístico del italiano Marzio G. Mian. Tal como recoge la sinopsis editorial del libro, Mian combina reportaje de campo, análisis geopolítico y testimonios humanos para mostrar cómo el clima, los recursos naturales y las grandes potencias convergen en esta región, generando tensiones sin precedentes e impactando directamente comunidades locales y poblaciones indígenas.
En Guerra Blanca, Mian detalla la carrera por recursos naturales —petróleo, gas, minerales estratégicos— y nuevas rutas marítimas abiertas por el deshielo, a la vez que documenta el aumento de la presencia militar de Rusia, China y las potencias occidentales. El autor combina análisis geopolítico con relatos humanos, mostrando cómo las comunidades locales y las poblaciones indígenas quedan atrapadas entre ambiciones globales que podrían redefinir el futuro político, económico y ambiental del norte polar.

Tal como expone el autor, el Ártico ha dejado de ser "la última frontera" para convertirse en un escenario geoestratégico indispensable para países compitiendo por hidrocarburos, minerales estratégicos y rutas marítimo-estratégicas. Esta perspectiva se confirma con los hechos. Según destaca la OTAN, en 2026 la organización ha puesto en marcha la misión Arctic Sentry, destinada a reforzar la presencia aliada ante la actividad militar creciente de Rusia y el interés de China en la región. Los movimientos no quedan en declaraciones: tal como recoge un artículo de Reuters, Suecia ha enviado aviones JAS 39 Gripen y unidades Rangers a Groenlandia dentro del marco de Arctic Sentry, reforzando la presencia europea en una zona clave para el tránsito polar y la seguridad transatlántica.
Las tensiones árticas también responden a históricos movimientos rusos. Business Insider señala que las unidades árticas de Rússia han sido debilitadas por su despliegue en Ucraïna, pero que el Kremlin continúa manteniendo presencia estratégica en la región, hecho que obliga a reforzar las fuerzas aliadas en Groenlandia y las zonas adyacentes.
Por otro lado, después de los intereses y afirmaciones del presidente de los EUA, Donald Trump, de querer hacerse con la región ártica, los ejercicios militares aliados son intensos y continuos. Según destaca el Ministerio de Defensa de Dinamarca, el programa Arctic Endurance 2026 se extenderá durante todo el año con la participación de Francia, Alemania, Noruega, Finlandia, Suecia, Países Bajos, Islandia y Bélgica, combinando entrenamiento en condiciones extremas con señales de presencia y disuasión política.
El Ártico: un pozo de intereses global
Para Mian, estos desarrollos confirman el relato que expone en Guerra Blanca. Su obra no solo explica que el frío del norte se está convirtiendo en un pozo de intereses globales: también documenta el impacto humano sobre comunidades locales, pescadores y poblaciones indígenas como los inuit, atrapadas entre ambiciones de grandes potencias. Tal como recoge una entrevista con Mian en el diario Ara, el Ártico se convierte en un escenario donde el cambio climático y la geopolítica interaccionan con consecuencias directas para la vida de millones de personas. Y no solo se queda aquí, Mian describe la región como el “nuevo Congo boreal”, una metáfora que recoge El País, destinada a subrayar la riqueza de recursos y la intensidad de la competición, recordando los conflictos coloniales pero con actores del presente.

Durante la presentación del libro en Milán, Italia, recoge Radio Radicale, el autor explicó ante expertos y público cómo los intereses geopolíticos de EE. UU., Rusia y China están “redefiniendo la estrategia global desde el norte polar”. Al mismo tiempo, el deshielo ártico acelera el tránsito por rutas como el Paso del Nordeste, y abre acceso a recursos energéticos y minerales estratégicos. Como recoge la revista Time, este fenómeno no solo transforma la geopolítica, sino que tiene impactos globales sobre comercio y logística, haciendo que los estados compitan por asegurar presencia e influencia en el norte.
Así, Guerra Blanca combina periodismo de campo, rigor geopolítico y humanización de las narrativas, poniendo el Ártico como un polo central del poder mundial y un espacio donde los grandes cambios globales se manifiestan de manera visible, concreta y urgente. El 2026 está demostrando que estas predicciones no eran exageradas: el Ártico se ha convertido en un punto de tensión global con consecuencias que afectarán la seguridad, la economía y la vida de millones de personas durante décadas.