La OTAN ha puesto en marcha este miércoles la operación Centinela del Ártico, una misión militar diseñada para incrementar la presencia de la Alianza Atlántica en la región y que ha sido fruto de las negociaciones entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el secretario general de la organización, Mark Rutte. La iniciativa llega después de la tensión generada por las aspiraciones de Washington de tomar el control de Groenlandia, una crisis diplomática que ha obligado a las partes a buscar una salida que satisfaga las demandas estadounidenses sin romper los equilibrios territoriales existentes. El Mando Aliado de Operaciones (ACO, por sus siglas en inglés) será quien asumirá la responsabilidad de planificar y ejecutar todos los ejercicios, actividades y operaciones que la OTAN desplegará en el Ártico, con el objetivo declarado de consolidar la posición de la organización y garantizar que la totalidad de la región continúe estando “segura” ante posibles amenazas externas.​​

El comandante Supremo Aliado de la OTAN, Alexus Grynkewich, ha destacado en un comunicado oficial que la operación Centinela del Ártico “subraya el compromiso de la Alianza de salvaguardar a sus miembros y mantener la estabilidad en una de las zonas más estratégicamente significativas y ambientalmente exigentes del mundo”. El general de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos ha añadido que la misión “aprovechará la fortaleza” de la organización atlántica para hacer frente tanto a la actividad militar de Rusia como a la creciente presencia económica de China en el Ártico, dos dinámicas que han alterado el equilibrio de poder en la región en los últimos años.​​​​​​​​​

Centralización de las operaciones

La nueva operación, bautizada como Arctic Sentry en inglés, actuará como paraguas para integrar y coordinar otras misiones de menor alcance operativo que diversos Estados miembros de la Alianza ya llevaban a cabo de manera independiente en la zona. Entre estas, destacan la maniobra noruega Cold Response y el ejercicio danés Resistencia Ártica, este último celebrado en plena crisis diplomática por Groenlandia y con la participación de hasta ocho países europeos. Precisamente aquella exhibición de fuerza provocó la ira de Trump, que amenazó a los aliados con la imposición de nuevos aranceles si no aceptaban sus condiciones sobre el futuro de la isla.​​​​​​​​​​​​​​​​

Así pues, la operación estará bajo la dirección del Mando Conjunto de Fuerza de Norfolk (JFC Norfolk), con sede en el Reino Unido, el cual amplió su área de responsabilidad el pasado mes de diciembre para incluir todo el Ártico y el polo norte. La misión se desplegará en coordinación con el Mando Aliado de Operaciones y mantendrá una estrecha colaboración con el Mando de Defensa Aeroespacial de América del Norte (NORAD) y los mandos Norte y Europeo de los Estados Unidos. Según Grynkewich, el cuartel general de Norfolk ejercerá de “puente entre América del Norte y Europa” y será “clave” para proteger los accesos estratégicos que conectan ambos continentes a través de las rutas árticas.​​​​​​​​​​​​​​​