Escocia, Gales e Irlanda del Norte han decidido sumar fuerzas para reclamar a Londres un derecho que hasta ahora habían defendido por separado: poder decidir democráticamente su futuro constitucional. Los líderes de los tres territorios han firmado este lunes en Cardiff un memorándum de entendimiento en el que reclaman al gobierno británico que "prepare, planifique y facilite" el cambio constitucional en cada uno de los territorios.
Es un gesto político especialmente significativo porque, por primera vez, las tres naciones tienen al frente fuerzas comprometidas con un cambio de su relación con el Reino Unido. John Swinney, del SNP, gobierna Escocia; Rhun ap Iorwerth, del Plaid Cymru, Gales; y Michelle O’Neill, del Sinn Féin, Irlanda del Norte. Los tres, sin embargo, han firmado el documento como líderes de sus partidos y no formalmente en nombre de los gobiernos que encabezan.
El memorándum defiende que "nuestras naciones tienen derecho a la autodeterminación" y reclama que este derecho se pueda ejercer por vías democráticas. Los firmantes advierten también que "ningún gobierno de Westminster tiene derecho a bloquear la democracia" ni a impedir que los ciudadanos decidan sobre su propio futuro. Al mismo tiempo, asumen que no hay un único camino para las tres naciones: "Cada nación determinará su futuro a su manera y a su tiempo", señala el texto. La reivindicación es común, pero la situación es muy diferente en cada territorio.
Una realidad diferente en cada lugar
En Escocia, el SNP hace años que reclama un segundo referéndum después del que celebraron en 2014, cuando el 55% de los votantes rechazó la independencia. El problema es que el parlamento escocés no puede convocar unilateralmente una consulta sobre la independencia: el Tribunal Supremo británico estableció en 2022 que esta competencia corresponde a Westminster.
El primer ministro del Reino Unido, Andy Burnham, ha abierto recientemente una grieta en esta posición, después de haber sugerido al parlamento que una consulta podría llegar si hubiera un apoyo mayoritario a la independencia. Pero posteriormente, el gobierno británico ha aclarado que un nuevo referéndum escocés continúa fuera de la agenda. Burnham ha escrito a Swinney para reiterar que repetir la consulta de 2014 no está previsto, según destacaba el The Guardian.
En Irlanda del Norte, el mecanismo es diferente. El Acuerdo de Viernes Santo prevé la posibilidad de un referéndum sobre la reunificación de la isla si el secretario de Estado británico considera que hay suficientes indicios de que una mayoría quiere abandonar el Reino Unido. La cuestión ha ganado visibilidad, además, después de que Donald Trump afirmara durante su visita a Irlanda que le gustaría ver una Irlanda unida.
Gales está aún más lejos de un referéndum. El Plaid Cymru prioriza ahora conseguir más competencias y más recursos, y considera que antes hay que abrir un debate social más amplio sobre la independencia. Su líder no prevé, de momento, pedir una consulta durante el primer mandato.
El Brexit, un punto en común
Hay, sin embargo, un elemento que une a las tres fuerzas: Europa. Escocia e Irlanda del Norte votaron mayoritariamente por continuar dentro de la Unión Europea en 2016, mientras que Gales también ha defendido una relación más estrecha con Bruselas. El memorándum reivindica que "Europa es nuestra casa común" y defiende que el futuro de las tres naciones debería continuar vinculado a la Unión Europea. El documento también vincula esta reivindicación europea con el Brexit. "El Brexit ha perjudicado nuestras economías y ha limitado las oportunidades de nuestra gente", señalan los tres partidos en el memorándum.
Ahora bien, las mayorías sociales a favor de la independencia no son claras en ninguno de los tres territorios y las vías legales son diferentes. La situación, sin embargo, marca un cambio político: por primera vez, los tres principales movimientos nacionalistas de las naciones no inglesas intentan actuar coordinadamente ante un mismo interlocutor, Westminster. Y esto obliga al nuevo gobierno de Burnham a determinar cuánta capacidad de decisión está dispuesto a ceder a las otras naciones del Reino Unido.
