Caracas vive días de una tensión poco habitual, incluso para un país acostumbrado a la crisis política permanente. Tras la captura de Nicolás Maduro, el poder chavista ha reaccionado con un cierre de filas que combina despliegue militar, control del relato y presión directa sobre los medios de comunicación. La activación del estado de excepción ha dejado imágenes de soldados en las calles, puntos de control en diferentes barrios de la capital y una sensación de vigilancia constante.

Uno de los primeros efectos de este nuevo escenario ha sido el endurecimiento contra el periodismo. Durante la instalación de la nueva Asamblea Nacional y la jura de cargo de Delcy Rodríguez como presidenta encargada de la República Bolivariana de Venezuela, fuerzas de seguridad detuvieron a varios profesionales que cubrían los actos oficiales. El Sindicato Nacional de Trabajadores de la Prensa (SNTP) denunció hasta 14 detenciones, además de prohibiciones de grabar, transmitir en directo o tomar fotografías, y la revisión exhaustiva de los teléfonos móviles de los informadores.

Según el sindicato, durante los operativos los agentes accedieron a conversaciones privadas, archivos personales y cuentas de redes sociales. En un comunicado, el gremio advirtió que “la prisión y detención arbitraria de periodistas constituye una grave violación a la libertad de prensa y genera autocensura”, un mensaje que resume el temor con el que muchos profesionales afrontan la cobertura informativa en este contexto.

¿Por qué los medios catalanes y españoles no tiene corresponsal en Venezuela?

La situación vivida estos días ayuda a entender por qué ni los medios catalanes ni los españoles disponen de corresponsal propio en el país. Uno de los ejemplos más claros es el de RTVE, que carece de corresponsal propio en Venezuela porque el gobierno no le concede el visado necesario. Así lo explicó el presidente de la corporación pública española, José Pablo López: “La razón por la que no tenemos corresponsal propio en Venezuela es sencilla: el gobierno venezolano no lo ha permitido cuando hemos solicitado el visado”.

Este bloqueo a la presencia de medios extranjeros se enmarca en un contexto más amplio de limitaciones a la libertad de prensa. Según Reporters Sense Fronteres, Venezuela ocupa el puesto 160 de un total de 180 países en el ranking mundial de libertad de prensa, una clasificación que refleja las dificultades estructurales para ejercer el periodismo independiente y garantizar el acceso a información plural.

La captura y la caza de los “traidores”

Por otro lado, la detención de Maduro ha abierto una herida profunda dentro del propio chavismo. Lejos de limitarse a denunciar la operación estadounidense, dirigentes y militantes han comenzado a señalar posibles traiciones internas. Su hijo, Nicolás Maduro Guerra, lo expresó abiertamente en una intervención pública: “La historia dirá quiénes fueron los traidores, la historia lo revelará”.

Este relato ha ido ganando peso en los pasillos del poder y también en la calle. Entre simpatizantes del régimen se extiende la idea de que una operación tan rápida y precisa de EE. UU. solo puede explicarse por filtraciones desde dentro. Las sospechas, aun sin pruebas, alimentan un clima de desconfianza que se añade a la incertidumbre política del momento.

Las manifestaciones en Caracas

Paralelamente, el chavismo ha querido responder con presencia en la calle. Miles de simpatizantes se han concentrado en el centro de Caracas y en los alrededores del Palacio de Miraflores para exigir la libertad de Maduro y denunciar lo que califican de "secuestro" por parte de Estados Unidos. Las marchas se han llenado de banderas venezolanas, pancartas y consignas en defensa de la soberanía nacional, bajo una vigilancia policial y militar muy visible.

A pesar de la imagen de movilización masiva, el tono de las protestas ha sido más contenido que en otras etapas del chavismo. Las consignas se han repetido, pero con menos fervor, y muchos asistentes reconocen que han ido más por disciplina política o presión del momento que por convicción. En conversaciones informales citadas por medios locales venezolanos, algunos manifestantes admiten cansancio después de años de crisis y de una situación económica que no mejora.