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Abdul El-Sayed es una de las figuras políticas de las que más se habla en Estados Unidos esta semana. Su victoria en las primarias demócratas para el Senado en Michigan es mucho más que una sorpresa electoral. Es el último capítulo de la batalla ideológica que vive el Partido Demócrata entre quienes apuestan por recuperar el voto de centro y quienes creen que solo un giro claramente progresista puede hacer frente a Donald Trump. Médico de salud pública, hijo de inmigrantes egipcios y de 41 años, El-Sayed ha derrotado a la congresista Haley Stevens, la candidata del aparato del partido, a pesar de que esta contaba con el apoyo de los principales dirigentes demócratas y con una enorme superioridad financiera gracias a las aportaciones de grupos proisraelíes, entre ellos el AIPAC, que habían destinado cerca de 32 millones de dólares para impulsar a la candidata oficialista. La victoria de Abdul El-Sayed lo convierte en el primer candidato progresista que gana unas primarias estatales para el Senado en un estado que Donald Trump conquistó en las presidenciales de 2024. En noviembre se enfrentará al republicano Mike Rogers en una de las elecciones más observadas del país, porque Michigan es uno de los estados bisagra que pueden decidir el control del Senado.

La reacción de Trump

La victoria, ajustadísima, pero muy significativa, convierte a este médico de salud pública de 41 años en una de las figuras más observadas de la política norteamericana. Sobre todo porque llega en un momento en que los demócratas buscan desesperadamente la fórmula para recuperar terreno ante Donald Trump. Y aquí surge el debate: la pregunta que se hacen analistas y dirigentes es si el partido debe seguir apostando por candidatos centristas o si debe abrazar un discurso más claramente progresista para movilizar su base. Abdul El-Sayed ha basado su victoria en preceptos que ha defendido sin tapujos. Es uno de los primeros candidatos de ámbito estatal que gana unas primarias defendiendo abiertamente condicionar o poner fin a la ayuda militar incondicional a Israel, una cuestión que divide profundamente a los demócratas.  El presidente Donald Trump ya lo ha calificado de "enemigo de los judíos", "enemigo de Israel" y "comunista", intentando definirlo antes de las elecciones de noviembre. Esto ha multiplicado aún más su exposición mediática.

Médico, musulmán e hijo de inmigrantes

El-Sayed es médico, graduado por la Universidad de Columbia y doctor en Salud Pública por la Universidad de Oxford, donde obtuvo una beca Rhodes. Dirigió los servicios de salud pública de Detroit y del condado de Wayne antes de dar el salto a la política. Es musulmán, hijo de inmigrantes egipcios, médico de salud pública y un candidato que desafía el establishment de su propio partido. Si ganara en noviembre, sería el primer senador musulmán de la historia de Estados Unidos. Su discurso combina propuestas clásicas del progresismo norteamericano —sanidad pública universal, reducción del coste de los medicamentos, impuestos más elevados para las grandes fortunas y limitación de la influencia de los grandes donantes en la política— con una crítica muy contundente al apoyo militar incondicional de Estados Unidos a Israel. Durante la campaña resumió su mensaje con un lema que sintetiza su apuesta populista: "Sacar el dinero de la política y ponerlo en el bolsillo de la gente".

La derrota del establishment demócrata

Las primarias de Michigan se han interpretado como un referéndum sobre el futuro del Partido Demócrata. Haley Stevens representaba la línea centrista, avalada por el líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer; por la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer, y por buena parte de la dirección nacional. El-Sayed, en cambio, recibía el apoyo de los grandes referentes progresistas del partido, como Bernie Sanders, Alexandria Ocasio-Cortez o Elizabeth Warren.

La victoria de El-Sayed confirma el ascenso del ala progresista del Partido Demócrata después de otros éxitos recientes, como el de Zohran Mamdani en Nueva York. Estos triunfos refuerzan a quienes defienden que el partido debe dejar atrás las recetas centristas y ofrecer una alternativa más nítida al trumpismo, basada en un discurso más combativo sobre la desigualdad, el coste de la vida y la influencia de los grandes poderes económicos.

Un partido obligado a recomponerse

Al día siguiente de las primarias, las dos almas del Partido Demócrata escenificaron una reconciliación rápida. Chuck Schumer, que había apoyado a Stevens, aseguró que el partido hará piña para derrotar a Mike Rogers. La misma Stevens prometió implicarse en la campaña del vencedor. El-Sayed también tendió la mano a sus rivales. "Las diferencias que hemos tenido durante las primarias palidecen ante todo aquello que nos une", afirmó. La unidad será imprescindible. El-Sayed ganó por un margen muy ajustado y sin llegar al 50% de los votos, después de una campaña especialmente dura. Para sus partidarios, su condición de candidato ajeno al establishment es su principal activo. Consideran que ha conectado con una parte del electorado cansada tanto de Washington como de las estructuras tradicionales del Partido Demócrata, especialmente entre los jóvenes. Según los dirigentes demócratas de Michigan, estas primarias han registrado la participación más elevada de la historia del partido en este estado.

Una carrera decisiva para el Senado

La batalla de Michigan será una prueba decisiva para saber si un candidato inequívocamente progresista es capaz de ganar unas elecciones generales en un estado competitivo. Para los sectores moderados del partido, El-Sayed ofrece numerosos flancos de ataque a los republicanos. Donald Trump ya lo ha calificado de "enemigo de los judíos", "enemigo de Israel" y "comunista", y el vicepresidente JD Vance también se ha pronunciado: "No queremos que la próxima Administración, Dios no lo quiera, la del presidente El-Sayed dentro de tres años, deshaga todo el trabajo increíble que hemos estado haciendo". 

Su próximo rival, el republicano Mike Rogers, exmilitar y exagente del FBI, contrapone el "sentido común" a la "locura radical" que atribuye a su adversario. Rogers es un candidato muy conocido en Michigan, con una larga trayectoria política y una imagen asociada a la seguridad nacional. Los republicanos lo presentan como una figura experimentada y moderada en las formas, aunque muy alineada con la agenda de Trump. Tras la victoria de El-Sayed, su campaña ha intentado definir al demócrata como "el candidato al Senado más radical de Estados Unidos", confiando en que sus posiciones sobre la sanidad pública o Israel alejen a los votantes independientes.