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Las bodegas están imparables, y me encanta poder presentaros vinos que acaban de llegar al mercado. Tomad nota, porque merece la pena descubrirlos. Empezamos en el Empordà, un territorio con una tradición vitivinícola que se remonta a la antigüedad y donde hoy la garnacha y la cariñena continúan siendo dos de las grandes protagonistas. De hecho, dos de cada tres cepas de la DO Empordà corresponden a variedades autóctonas, y una tercera parte de los viñedos tienen más de treinta años.


Y es precisamente en este territorio donde encontramos Celler Martí Fabra, un proyecto familiar de Sant Climent Sescebes con una historia vinculada a la viña desde hace generaciones. La familia conserva viñedos centenarios, vinos dulces elaborados por sus antepasados e incluso depósitos y barricas que han ido pasando de generación en generación. Pero tener siglos de historia no significa quedarse anclado en el pasado. Al contrario: Martí Fabra continúa buscando nuevas maneras de expresar el territorio.

Ahora acaba de presentar dos nuevas referencias: Els Còdols y Seroles. Els Còdols es un rosado de garnacha tinta, procedente de una única parcela, la viña del Pont, de suelo extremadamente pedregoso, junto al río Anyet y a los pies de la Albera. Se elabora en una tina de hormigón que hizo construir el abuelo de la familia en Can Carreras, la masía que regentan desde el siglo XIV, y después de la vinificación reposa durante nueve meses sobre sus lías, dentro de la misma tina subterránea. Seroles, en cambio, es un blanco 100 % macabeo, procedente de un viñedo viejo de parcela única y criado en barricas de gran formato, recuperando una manera de trabajar que conecta con las que el abuelo adquirió en 1961.

Ver cómo proyectos con historia y tradición, pero también bodegas que acaban de empezar, continúan buscando nuevas maneras de explicar y expresar sus territorios

Y de aquí bajamos hasta el Priorat, concretamente a Porrera. Família Peyri es un proyecto nuevo en el mercado, impulsado por Pau Peyri, viticultor y enólogo nacido en Porrera que ha recuperado y trabaja viñedos familiares del municipio. El proyecto comenzó a comercializar su primera añada en 2023 y busca elaborar vinos que expliquen Porrera y la tipicidad del Priorat desde una mirada cercana y familiar. Ahora presenta su primer vino blanco, elaborado con garnacha blanca y Pedro Ximénez. Un blanco del Priorat que busca el equilibrio entre frescura, textura y expresividad, una nueva manera de acercarse al territorio a través de las variedades blancas. Y esto no acaba aquí: el proyecto continúa creciendo y muy pronto llegará alguna otra novedad blanca que, personalmente, no perdería de vista.

Vinyes del Priorat en Porrera. / Foto: Cedida

Y también en Porrera encontramos MIA, un nuevo ancestral elaborado a partir de garnacha blanca y un poco de moscatel dentro del proyecto Horta Colomer, de la mano de Isa y Albert, propietarios también de Vall Llach. En este caso, hay una historia muy especial detrás de la botella. MIA es un homenaje a Mia, la cocinera del restaurante La Cooperativa de Porrera, uno de esos lugares que hacen un trabajo enorme para acercar el vino a la gente y para que quien visita el Priorat no solo conozca sus paisajes, sino también los vinos que se elaboran allí. ¿Y por qué unas burbujas? Porque las burbujas son alegría. Y esa es precisamente la idea que hay detrás de MIA: hacer un vino que sea un homenaje a una persona que transmite calidez, energía y ganas de disfrutar. El ancestral recupera, además, una manera tradicional de elaborar vinos espumosos. Este vino se elabora fuera de la DOQ Priorat. De esta manera, los elaboradores se conceden la libertad de experimentar y presentar otra realidad de la zona.

Y es precisamente eso lo que más me gusta de presentaros novedades: ver cómo proyectos con historia y tradición, pero también bodegas que acaban de empezar, continúan buscando nuevas maneras de explicar y expresar sus territorios. ¿Los cataréis todos? ¡Os leo en los comentarios!