Todos conocemos la sonada frase: "Una imagen vale más que mil palabras". Y es que, a menudo, es difícil describir las sensaciones, percepciones, colores o emociones que nuestros ojos están captando. En el mundo del vino, un sector lleno de botellas y de marcas diferentes, y con un público objetivo que generalmente no es conocedor técnico del producto (¡ni debe serlo!), las etiquetas juegan un papel muy importante y nada superficial. Debemos tener en cuenta que, cuando un posible cliente se encuentra frente al lineal, la etiqueta será su primera impresión y toma de contacto, por tanto, es una herramienta clave que influye en la decisión de compra y eso las bodegas lo saben muy bien.
Lo ideal es que el diseño de estas etiquetas cumpla diferentes requisitos. Para empezar, debe ser capaz de captar la atención, de destacar por encima de las de los competidores de al lado. A nivel corporativo, debe transmitir los valores y la identidad de la marca, posicionándola en el cerebro del consumidor.
En Catalunya existen auténticas joyas de packaging: imágenes gráficas llamativas, etiquetas de artistas famosos y diseños que cuentan historias o que conectan con el territorio
Sobre la información a transmitir o no, aquí entramos en dos campos distintos. Lo primero es que hay ciertos requisitos legales que ninguna bodega puede saltarse. Y, el segundo, es la claridad y la cantidad de información extra que se quiere aportar. En los vinos más prestigiosos del mundo, suele haber muy poca. Por tanto, los compradores aficionados que no han estudiado Borgoña no podrán entender nada de estas botellas. Dicho esto, en Catalunya existen auténticas joyas de packaging: imágenes gráficas llamativas, etiquetas de artistas famosos y diseños que cuentan historias o que conectan con el territorio. Hoy os explicamos algunos ejemplos.
Desde sus orígenes, Cultivare ha tenido una relación con la cultura y la naturaleza muy directa. Por este motivo, las etiquetas de los vinos son diseñadas y elaboradas en un entorno natural con una performance que hace que cada una de ellas cuente una historia especial. Esta está inspirada en el silencio de la naturaleza cuando todos estábamos confinados. Los agujeros de las etiquetas son una metáfora de la pausa de ese 2020.
¿Y qué os parece el Compta Ovelles? Un vino que nace de los orígenes de Ferré y Catasús y de la historia de su fundador, Josep Maria Ferré i Catasús, que de joven fue pastor en el Penedès y cada día, al terminar la jornada, debía realizar el recuento. Este gesto conecta con la frase popular de "si no puedes dormir, cuentas ovejas". La etiqueta, llena de ovejitas vestidas de forma diferente, y una con la bandera de Catalunya mirando en dirección contraria, es un homenaje a su pasado y también a la personalidad catalana.
Por último, la bodega Mas de la Pansa, dirigida por la enóloga Imma Soler, elabora dos vinos de una colección más atrevida, con el diseño de unas etiquetas realizadas por el artista japonés Wataru Koike. Los dibujos quieren evocar la espontaneidad y la creatividad, sin necesidad de seguir las normas establecidas. Se busca dar a los vinos un estilo más informal, rompiendo con la sobriedad de los otros nombres de la bodega. En este ejemplo, la etiqueta representa el volcán del Monte Fuji, emulando una explosión de felicidad. Si eres fan de la cultura japonesa, estos vinos son para ti.
Y tú, ¿eres de los que compras una botella de vino por la etiqueta?
