Entras en Mercadona, vas directo al pasillo de los frutos secos a buscar castañas y descubres que allí no están. Las acabas encontrando en la sección de fruta y verdura, junto a las manzanas, las mandarinas y las setas. No es ningún error de colocación. Es la primera pista de algo que mucha gente desconoce: aunque las asociamos a las nueces y a las avellanas, las castañas se conservan como un producto fresco.
Cada otoño vuelven a nuestras cocinas y a nuestras mesas. Las asamos, las usamos en recetas y, en Catalunya, son protagonistas indiscutibles de la Castañada. Pero poca gente se pregunta si realmente se deben tratar como el resto de frutos secos.
Una cáscara dura que engaña
Botánicamente, la castaña es un fruto seco: una nuez, de cáscara dura, como la avellana o la bellota. Esta cáscara rígida y el color marrón hacen que muchas personas las guarden semanas, o incluso meses, en la despensa, convencidas de que mantendrán las propiedades prácticamente intactas. La realidad es otra.
A diferencia de las nueces o las almendras, la castaña tiene un contenido de agua muy elevado, alrededor de la mitad de su peso, y muy poca grasa, lo que la hace mucho más perecedera. Por este motivo, supermercados como Mercadona la sitúan en la sección de fruta y verdura: es un producto fresco de temporada y, para disfrutar de ella en las mejores condiciones, conviene consumirla relativamente pronto.
Qué hacer con las castañas al llegar a casa
Si es un producto fresco, se debe conservar como tal. La recomendación es guardar las castañas en la nevera, preferiblemente dentro de su propia malla, para que el aire circule entre ellas y no se acumule humedad.
Y, sobre todo, no dejarlas olvidadas. Consumirlas en un máximo de 15 días es la mejor manera de asegurar que mantienen el sabor y la textura que las hacen tan especiales.
Cómo cocinar las castañas
Una vez resuelta la cuestión de la conservación, toca disfrutarlas. El otoño no sería lo mismo sin el aroma de las castañas recién asadas, una tradición ligada a los primeros días de frío que también se puede reproducir fácilmente en casa. Obtener unas castañas calentitas y a punto para compartir es más sencillo de lo que parece, y hay varias maneras de hacerlo: en la olla, en el horno o en la freidora de aire.
En resumen: las castañas no están hechas para quedarse meses en la despensa. Guardarlas bien y comerlas en el momento justo es la clave para disfrutar de uno de los sabores más auténticos del otoño.
