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Estos días he conocido al cocinero más agradable de Catalunya. Una persona que, con 83 años, abre cada mediodía entre semana su restaurante de cocina catalana en el centro de Barcelona. Una persona entrañable que regenta, junto con su hija, el mejor restaurante de la ciudad. Lejos del foco y sin hacer ruido, Can Joan lleva 60 años elaborando cocina tradicional leridana, con los caracoles como plato estrella. Un rincón de confort en una ciudad a menudo hostil que te hace sentir como en casa solo con cruzar el umbral de la puerta.

Platos leridanos en el corazón de Barcelona

El día que visito Can Joan llueve, suenan ES-Alerts y parece que se vaya a acabar el mundo. Es lunes y no hay muchos restaurantes abiertos, por eso decido llamar para preguntar si tienen mesa. Tengo suerte y, como ha habido cancelaciones, me hacen un hueco para comer temprano. Cuando llego, veo a Joan sentado en medio de la sala esperando a los primeros clientes. Me recibe, me invita a sentarme y me da la carta mientras me explica un poco lo que tienen. Mientras le doy vueltas a qué pedir, Montse, su mujer, sale de la cocina para saludarme. Y al cabo de pocos minutos llega Sandra, la hija de Joan y Montse.

Pep Guardiola le dijo a Joan que le montaría un restaurante en Manchester, pero que solo lo haría si lo regentaba él

Entrada del restaurante Can Joan. / Foto: Montse Giralt

En el restaurante trabajan Joan, que es cocinero, y Sandra, que es camarera. Montse ha sido maestra toda la vida y no trabaja en el restaurante, pero viene a comer y a echar una mano cuando puede. Con un par de frases ha bastado para detectar mi acento leridano. Y en Can Joan, ser de Lleida es como ser de la casa. La familia me explica que son de Cubells, en la Noguera, entre Balaguer y Artesa de Segre. Y como el mundo es un pañuelo, sobre todo para los de Lleida, enseguida nos damos cuenta de que tenemos conocidos en común, como los Pijuan de Artesa, que regentan una carnicería de la cual traen gran parte del material al restaurante. Se hace difícil escoger solo dos platos de la carta porque todo tiene muy buena pinta. Pero recomendado por Joan, pido los caracoles Can Joan y el conejo a la cazuela.

Joan y Sandra gestionando el libro de reservas en la sala del restaurante Can Joan. / Foto: Montse Giralt

Cocina casera de calidad

Mientras va y viene de la cocina, Joan me enseña orgulloso algunas fotos con personalidades ilustres que frecuentan el restaurante. Puyol, Guardiola, Jordi Pujol... grandes nombres del país que han tenido el privilegio de probar su cocina. De hecho, me explica que Pep Guardiola le dijo una vez que le montaría un restaurante en Manchester, pero que solo lo haría si él lo regentaba. Cuando comió aquí, entró en la cocina para decirle a Joan que le enseñara a hacer estos caracoles porque estaban buenísimos. Y doy fe. Los caracoles Can Joan que me llegan a la mesa son exquisitos. Cocidos al punto, son guisados y flameados con licor y hierbas.

Caracoles Can Joan del restaurante Can Joan. / Foto: Oriol Foix Duaigües

Hacía tiempo que no salía tan satisfecho de una comida en Barcelona. Joan y Sandra son entrañables. Su cocina y familiaridad te hacen sentir como en casa

De segundo, el conejo a la cazuela también está buenísimo. Se lo comento a Joan, que se sienta un rato en la mesa conmigo mientras espera pedidos de las demás mesas. Con la seguridad de quien lleva 60 años cocinando, me dice que sí, que aquí todo está bueno. Sin falsa modestia ni sin condescendencia; con la actitud que solo se puede tener cuando has trabajado toda la vida haciendo las cosas bien.

Conejo a la cazuela del restaurante Can Joan. / Foto: Oriol Foix Duaigües

Acabo la comida con unas ciruelas al ron y helado de vainilla, el postre que más gracia me hace de todos los que me canta Sandra. Un plato delicioso que remato con un café y un chupito de ratafía. Salgo del restaurante contento, con la barriga y el corazón llenos. Hacía tiempo que no salía tan satisfecho de una comida en Barcelona.

Ciruelas al ron con helado del restaurante Can Joan. / Foto: Oriol Foix Duaigües

Joan y Sandra son entrañables. Su cocina y familiaridad te hacen sentir como en casa. El ambiente en la sala es muy agradable, y es que la mayoría de los clientes son habituales. Un trato cercano y directo que casi ya no existe en la ciudad. A Can Joan hay que ir, a disfrutar de su cocina y a dar las gracias a Joan, Sandra y también a Montse por mantener vivo este pequeño oasis de buena cocina leridana en Barcelona.