Hay restaurantes que no aparecen ante los ojos por casualidad. Los tienes que conocer porque alguien ha confiado en ellos antes que tú. El Aviva es exactamente eso. Lejos del paseo marítimo de Malgrat de Mar y de los restaurantes que atrapan al visitante de paso, este pequeño local se ha convertido en un secreto compartido entre la gente del pueblo. De esos que solo te recomiendan cuando saben que lo sabrás valorar. Ahora que me he instalado en el Maresme, parece que ya me he ganado este privilegio. Y os aseguro que valía mucho la pena.

Detrás del proyecto está Pol, un cocinero joven con una sensibilidad extraordinaria. El espacio es pequeño, sencillo y sin artificios. Todo el protagonismo es para los platos. Cada mediodía ofrecen un menú que cambia a menudo y que ha creado una auténtica comunidad de clientes fieles. Si trabajara cerca, sería mi capricho semanal sin ningún tipo de duda. Por las noches, además, se puede optar por dos menús degustación, uno de 27,50 euros y otro de 33,50 euros, una relación calidad-precio que cuesta de creer cuando ves el nivel de lo que llega a la mesa.

Otra cosa que me gustó mucho es que la carta no intenta impresionar con nombres incomprensibles ni descripciones eternas. Es cocina creativa, sí, pero escrita para que cualquiera entienda perfectamente qué pide. Y eso se agradece. Los platos sorprenden cuando llegan a la mesa, no cuando los lees.

Ensaladilla de gamba vermella amb gilda
Ensaladilla de gamba roja con gilda

Una cocina sin freidora

Empezamos con un pan de masa madre que ya deja entrever el nivel de la casa. Nos explican que algunos clientes habituales van expresamente a comprarlo. Lo entiendo perfectamente. Costra gruesa y crujiente, miga muy aireada y ese punto de fermentación que hace imposible dejar de comerlo.

Las primeras en llegar son las bravas estilo Aviva, con una inspiración claramente canaria. Aquí Pol nos confiesa algo que sorprende: ya no hay freidora en la cocina. No se fríe absolutamente nada. Las patatas recuerdan a unas buenas papas arrugadas: tiernas, sabrosas y muy agradables de morder. Nada que ver con una patata hervida sin gracia. Las acompaña un alioli de pimentón ahumado y un mojo picón con cilantro que da toda la personalidad al plato.

Continúa una ensaladilla rusa con gamba roja, coronada por una gilda. La mezcla funciona de maravilla. La ensaladilla es cremosa, delicada y ligeramente dulce, mientras que la gilda aporta el contrapunto salino, avinagrado y ligeramente picante. Un juego de contrastes que convierte un clásico en algo completamente nuevo.

Caneló de 3 rostits
Canelón de 3 asados

Tradición y creatividad de la mano

El canelón de asado de tres carnes es un muy buen ejemplo de lo que hace Pol. Dentro está toda la memoria del asado tradicional; alrededor, una bechamel oscura de romesco, cebolla caramelizada, mayonesa de brasa y ñoras. Cada ingrediente suma profundidad sin eclipsar el sabor del relleno. Es un plato moderno que sigue oliendo a domingo en casa.

Después llega un tiradito de salmón con leche de tigre de mango, aguacate, kikos y shichimi togarashi. El tiradito, originario de Perú, se diferencia del ceviche porque el pescado no macera durante tanto tiempo y conserva una textura mucho más limpia. El shichimi togarashi, una mezcla japonesa de siete especias, le aporta un toque cítrico, picante y aromático que da mucha vida al conjunto.

El lluç a baixa temperatura
La merluza a baja temperatura

Uno de los platos más divertidos es un sándwich servido dentro de una vaporera asiática, de esas que normalmente esconden baos o gyozas. Cuando levantas la tapa aparece un sándwich con mayonesa japonesa, chimichurri de verduras, tataki de ternera y mermelada de pimiento del piquillo. Sobre el papel podría parecer una locura. En la boca es un espectáculo: dulce, umami, fresco y ligeramente ácido, todo perfectamente equilibrado.

El plato que me haría volver mañana mismo

Si tuviera que volver solo por un plato, sería por el laminado de magret de pato. Hacía tiempo que un plato no me sorprendía tanto. El magret es extraordinariamente tierno —y eso no siempre es fácil de conseguir— y convive con piel de naranja confitada, parmesano, peras al vino tinto con toques de salsa hoisin y avellana garrapiñada. Dulce, salado, crujiente, cremoso y fresco. Todo a la vez. Una auténtica fantasía.

También probamos una merluza cocinada a baja temperatura con salmorejo de tomate asado, aceite de albahaca, aceitunas negras y tomates cherry confitados. El pescado conserva una textura jugosa impecable, mientras que el salmorejo aporta intensidad sin esconder su sabor. El conjunto es mediterráneo, elegante y muy equilibrado. Recomendadísima también la tarrina de cochinita pibil con gamba roja y cremoso de apio nabo; es una combinación redonda entre el crujiente y la melosidad de la carne. Un mar y montaña perfecto.

Y terminamos con un arroz de sabor potentísimo y con el grano cocinado a la perfección. Es un arroz muy diferente del que solemos encontrar: lleva redondo de pollo cortado finísimo, casi como si fuera un carpaccio, espárragos verdes, sepionetas y un alioli de tomillo que le da un punto aromático suave pero muy característico. El conjunto es intenso, pero elegante, con el pollo aportando suavidad, las sepionetas ese toque marino y los espárragos una nota vegetal que refresca cada cucharada.

El tiradito de l'AVIVA
El tiradito del AVIVA

De postre, cerramos con dos propuestas acertadas, como todo lo que hemos probado. Por un lado, un pastel de queso con pistachos, de textura cremosa y con un sabor a queso muy potente, de los que gustan a los amantes de los cheesecakes intensos y sin medias tintas. Por otro lado, un flan de huevo con mousse de chocolate, avellanas garrapiñadas y cacao. Un flan que confirma esta nueva ola de popularidad que está viviendo el clásico de toda la vida, y que cuando está bien hecho —como aquí— se convierte en un postre que siempre apetece pedir.

Un restaurante que ya forma parte de mi lista

Hay descubrimientos que te hacen sentir afortunada. L'Aviva es uno de ellos. Un restaurante pequeño, sin grandes escenografías, pero con una cocina que desprende talento, sentido común y mucho respeto por el producto. De esos lugares que te hacen pensar que todavía quedan grandes joyas escondidas en los pueblos.

Yo, de hecho, ya estoy confeccionando mentalmente la lista de todos los amigos que iré trayendo aquí poco a poco. Porque hay restaurantes que simplemente te gustan... y luego están los que tienes la necesidad de enseñar a todo el mundo que quieres. L'Aviva es de estos.