Sa Riera, en Begur, es uno de esos puntos de la Costa Brava que parecen pensados para desconectar automáticamente. Pequeña cala, agua transparente y ese ritmo lento que solo tienen los lugares donde el mar marca el tempo. Justo aquí, casi tocando la arena, está Sa Donzella, un restaurante que hace muy poco que ha abierto y que ya se ha convertido en uno de los puntos más comentados de la zona. Un espacio agradable, luminoso y con esa estética mediterránea relajada que invita a quedarse sin mirar el reloj.
Mientras nos sentamos, pedimos un vino blanco y nos recomiendan un Celler de l’Empordà, Esclanyà, un vino de proximidad que encaja perfectamente con el espíritu del lugar: fresco, fácil de beber y con ese punto salino que pide mar. El brindis llega justo cuando levantamos la vista… y aquí es donde la comida toma otra dimensión: en la mesa de al lado está Bad Gyal, que estaba comiendo con total naturalidad, como si Sa Riera fuera su lugar habitual. Y lo era. Sin estridencias, sin espectáculo, solo disfrutando del ambiente. Imposible no comentarlo, pero aún más imposible no contagiarse de esa sensación de normalidad en un entorno tan idílico. Además, desde la terraza, la vista es espectacular: la cala, el azul intenso y, al fondo, las Illes Medes dibujando el horizonte.
Tomate, stracciatella y verano puro
Empezamos con una ensalada de tomate con stracciatella, que en realidad es mucho más que una ensalada. El tomate es dulce, maduro, de textura casi carnosa, y se combina con stracciatella cremosa en la base y tomates cherry confitados que aportan ese contraste entre fresco y cocinado que funciona tan bien en verano. La cebolla, cortada finísima, acaba de darle el punto de precisión. Es de esos platos que no necesitan nada más para entender que estás en primera línea de mar.
Continuamos con una tortilla abierta con gambas, setas y butifarra negra. Un trío que podría parecer arriesgado, pero que aquí encaja con naturalidad. Las gambas son carnosas, las setas aportan tierra y la butifarra negra da profundidad. Todo ello pide pan de coca con tomate, imprescindible para mojar y alargar el placer.
El plato estrella: bogavante con huevos fritos
Decidimos no exagerar con los entrantes porque el protagonista estaba claro desde el principio. Llega una cazuela de bogavante con patatas, cebolla, guindilla y huevos fritos. Un plato de fiesta mayor, de celebración, de esos que se asocian a mesa larga y hambre compartida.
Las patatas están cortadas en rodajas y fritas con la cebolla bien confitada, absorbiendo todo el jugo del marisco. La guindilla aporta un punto picante sutil, presente pero sin dominar. Y encima, cuatro huevos fritos con su 'puntilla' crujiente —ese borde tostadito tan característico— y la yema intensa, casi naranja, que se deshace y lo liga todo. El bogavante llega cortado en trozos generosos, con una carne que se desprende perfectamente de la cáscara. Incluso una de las pinzas sale entera, cosa que parece imposible, pero aquí pasa. Es un plato para darse un homenaje sin excusas.
Dulce final de Costa Brava
Para acabar, unas trufas de dulce de leche grandes, cremosas y servidas a cucharadas. El dulce de leche, originario de Latinoamérica, aquí se convierte en un final suave e indulgente, casi adictivo. No son pesadas, pero sí de esos postres que te hacen pensar "una más y ya está"… y no es verdad.
Salimos de Sa Donzella con la sensación de haber vivido una de esas comidas que se recuerdan más por el conjunto que por un solo plato: el lugar, el mar, el buen producto y un momento inesperado que, quieras o no, también forma parte de la experiencia. Sa Riera siempre suma, pero aquí, además, lo hace con estilo.