Que una de las mejores casas de arroces de Barcelona celebre veinticinco años dice mucho del restaurante, pero también de los clientes que lo han convertido en un lugar habitual. Lo digo por experiencia propia: soy cliente de la Arrosseria Xàtiva desde que abrió sus puertas en el barrio de Gràcia. Al principio, iba con mi mujer; luego, con mis hijos. Y desde la pandemia, cuando tengo un antojo urgente de arroz y no me lo puedo hacer en casa, siempre me queda el recurso de encargarlo e ir a recogerlo.

Hay que saber que la historia de la Arrosseria Xàtiva empezó en el año 2001, cuando Maria Antònia Ribera decidió poner en marcha su propio proyecto gastronómico tras años de experiencia en el sector de la restauración. Su apuesta era clara: especializarse en los arroces y traer a Barcelona la tradición culinaria valenciana vinculada a los orígenes de la familia de su marido, procedente de Xàtiva. A punto de celebrar los veinticinco años de la apertura del primer Xàtiva, su hijo, Àlex López, es quien actualmente está al frente del negocio.
La tradición arrocera valenciana, con una carta que va mucho más allá de los arroces
Con los años, el proyecto ha crecido, hasta contar con tres arrocerías, en los barrios de Gràcia, Sant Antoni y Les Corts, intentando ofrecer buena cocina, un trato cercano y aquella sensación de encontrarse en un lugar conocido. Personalmente, soy más bien de los clásicos, como el arroz del senyoret, el arroz negro y la fideuá, que son mis opciones habituales. Eso sí, casi nunca me privo de pedir algo para abrir boca, como el jamón de bellota o unas anchoas. Porque, aunque el arroz sea el gran protagonista en el Xàtiva, en la carta también hay otros platos que vale la pena tener en cuenta, como el pescado salvaje, el suquet de rape o la cola de toro, platos que demuestran que la casa no vive solo del arroz, aunque sea esta su especialidad y la razón principal por la que muchos volvemos.

Hoy, sin embargo, empiezo con unos chipirones rebozados con harina de arroz, un revuelto de trompetas amarillas y una coca con sardina salada. Tres bocados muy distintos que me permiten empezar la comida con una buena combinación de texturas y sabores. Los chipirones, con su rebozado crujiente; las trompetas amarillas, con ese sabor a bosque tan característico, y la coca con sardina salada, que le pone el contrapunto más intenso y un punto picante que le da personalidad. Una elección variada y muy estimulante, que acompaño con una copa de vino blanco, un buen aliado para disfrutar de esta primera degustación antes de adentrarme en los platos principales.

Me resulta difícil elegir el arroz, ya que en el Xàtiva ofrecen más de veinticinco variedades, además de fideuás, pero finalmente me inclino por el arroz de rabo de toro y, desde luego, doy en el clavo: es un arroz sabroso, con una carne melosa que invita a no dejar ni un grano. La carne, melosa y tierna, aporta al arroz un sabor intenso y delicioso.

Acabo la comida con una torrija de Santa Teresa de horchata, una forma de recuperar un clásico de la repostería con un matiz muy valenciano, gracias a la horchata, que le aporta personalidad.

La Arrosseria Xàtiva es una buena dirección para tener en el radar cuando apetece comer un buen arroz en Barcelona, porque, al fin y al cabo, hay platos que alimentan y platos que hacen feliz, y un buen arroz a menudo logra ambas cosas. Con esta idea en mente, subo por Torrent de les Flors, en dirección a la plaza de Rovira i Trias, y sigo paseando por las calles de Gràcia.