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Paseando por la Vila de Gràcia, llego a la calle Neptú, tocando a la plaza Narcís Oller, donde he quedado para cenar en el restaurante L’Antiquari Gastronòmic, un proyecto gastronómico y familiar comandado por el chef Yordi Martínez Ruiz y la jefa de sala Lara Cerlini. La pareja nació en Córdoba y Verona, respectivamente, y se conocieron en el restaurante Orvay antes de aterrizar en la Vila de Gràcia, donde hace casi cuatro años que viven y trabajan haciendo felices a sus clientes. Una prueba del buen trabajo hecho es que están recomendados en las guías Michelin y Macarfi.

Restaurante L'Antiquari / Foto: Montse Giralt

Una vez sentado con una copa de cava en la mano, compruebo que el espacio transmite una atmósfera cálida, elegante y a la vez muy acogedora. La piedra vista, la madera, los techos con vigas y la iluminación tenue crean un ambiente con carácter, mientras que las luces colgantes y los detalles decorativos aportan un punto contemporáneo sin perder la esencia tradicional. La combinación de materiales nobles, tonos terrosos y una estética rústica refinada crea diferentes ambientes que permiten tanto una comida tranquila en la mesa como una experiencia más informal en la barra.

Restaurante L'Antiquari / Foto: Víctor Antich

Pero, ¿qué se come en el restaurante L'Antiquari? Pues bien, el chef y su equipo ofrecen un menú degustación de quince pasos entre la tradición y la vanguardia que cambia cada mes y medio siguiendo la estacionalidad de los productos de temporada. De hecho, muchos de los clientes que comparten comedor esta noche con nosotros son del barrio y habituales de la casa, tal como me comenta Yordi en un perfecto catalán. Por lo tanto, no tienes que preocuparte si ya lo has visitado alguna vez porque, como nosotros, puedes volver al cabo de unas semanas, que el menú será completamente diferente.

En L’Antiquari no vienen a hacer cuatro platillos: vienen a jugar fuerte

Esto supone un trabajo extra para el equipo, que debe estar alerta y muy coordinado en todo momento con los nuevos cambios de carta, pero mira por dónde, también les proporciona la satisfacción de poder trabajar en cada momento con los productos que están en su mejor momento. Porque en L'Antiquari, el producto es la madre del cordero; incluso, en la carta solo sale el nombre del producto, no el plato tal como yo os lo describo.

Entrantes del restaurante L'Antiquari / Foto: Víctor Antich

Así, empezamos con unos entrantes muy elaborados como una neula del País Vasco rellena de gilda, cucurucho de chutoro, buñuelo de salmón, macaron de txangurro y Donette de foie con cobertura de chocolate Dubai.

Sopa de cebolla. Restaurante L'Antiquari / Foto: Víctor Antich

El menú respira aires franceses y asiáticos, aunque está elaborado con producto catalán y sin perder de vista nuestro recetario, como podemos comprobar con la sopa de cebolla, que cocinan con una base de cebolla caramelizada y chocolate blanco, crumble de cebollas secas crujientes, helado de queso gruyère y galleta hecha con las capas exteriores de la cebolla. Pero también con el mar y montaña hecho con dashi de pollo, cigala y ciruelas con corona de caviar, el bonito con zanahoria en escabeche y ajoblanco, o el tartar de gamba blanca con su cabeza que nos presenta Aitor, el jefe de cocina.

Bonito, escabeche y mantequilla. Restaurante L'Antiquari / Foto: Víctor Antich 

Después del pescado, continuamos con un nigiri de Wagyu con su caldo criado en el Empordà, poniendo una vez más el énfasis en el producto de proximidad y demostrando la capacidad de L'Antiquari para llevar grandes productos del territorio a terrenos gastronómicos inesperados.

Gamba con su cabeza. Restaurante L'Antiquari / Foto: Víctor Antich

Sensacional la royal de liebre con su reducción y especial el mole mexicano hecho con castañas que la acompaña. Cerramos la fiesta, porque comer en L'Antiquari es una fiesta, con un canelón relleno de pato asado, setas y pluma con trufa rallada por encima.

Producto de temporada, creatividad sin límites y quince pasos para disfrutar de lo lindo en la Vila de Gràcia

Royal de liebre. Restaurante L'Antiquari / Foto: Víctor Antich

El chef rehúye los postres tradicionales y nos presenta un mochi de calamar y chocolate blanco que nos explota en la boca y ayuda a refrescarla antes de que llegue el aceite, un postre hecho exclusivamente con aceite de arbequina, picual y corbella que consiste en una crema pastelera, gel, bizcocho, golosina, helado y un crujiente de miel.
 

Aceite. Restaurante L'Antiquari / Foto: Víctor Antich

En cuanto a la propuesta líquida, la bodega dispone de cerca de 180 referencias de vinos, una selección que permite construir un maridaje a la altura del menú. Durante nuestra comida probamos el cava Rosae, el Oremus Mandolás Furmint 2023, el Fórmula Antiga de Oller del Mas, el Viña Tondonia Rioja 2018, y terminamos con el vino dulce Airam de Espelt. Una elección variada seleccionada minuciosamente por Lara, que nos lleva desde las burbujas iniciales hasta un final dulce, pasando por diferentes estilos y territorios, y que acompaña la evolución del menú sin robarle protagonismo al producto.

L'Antiquari es de esos lugares de donde sales cenado, feliz y con ganas de volver. ¡Ahí es nada!