Hola hola gourmeters! Cenar dentro de un resort residencial de alto standing no siempre implica ser socio ni formar parte de un círculo exclusivo. En Infinitum, el resort residencial privado más prestigioso de la Costa Dorada, la gastronomía también se abre al público general con una propuesta que combina calma, naturaleza y cocina cuidada en un entorno privilegiado. El Lakehouse Bistrot, situado dentro de Infinitum, en la casa club Lakes, es una de esas direcciones que demuestran que el lujo también puede ser accesible y abierto a todo el mundo. No hace falta ser residente del resort ni jugador de golf para reservar mesa y disfrutar de una comida mediterránea rodeado de la tranquilidad del campo de golf y de la Sèquia Major
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Infinitum es un resort residencial exclusivo que cuenta con tres campos de golf de alto nivel y hace una apuesta clara por la sostenibilidad, el respeto de la naturaleza y la calidad de vida. Y es precisamente este espíritu el que se respira solo al llegar al restaurante. El Lakehouse Bistrot está rodeado de verdes impecables, con vistas abiertas al campo de golf, en un ambiente sereno que invita a bajar revoluciones desde el primer minuto.
Antes de pasar a mesa, la terraza es casi una parada obligatoria. Amplia, soleada y silenciosa, es ideal para tomar el aperitivo y probar alguno de los vinos de una carta muy bien seleccionada. Aquí el tiempo parece ir un poco más lento, y se agradece. Dentro, el restaurante mantiene esa sensación de amplitud y elegancia discreta. Techos altos, grandes ventanales a todos los lados para no perder nunca las vistas, una decoración sencilla, pero muy cuidada y, un detalle importante, mesas amplias y bien espaciadas, que hacen que la comida sea aún más confortable.

Menú mediodía
El Lakehouse Bistrot ofrece menú de mediodía con una propuesta muy completa: cerca de siete primeros, siete segundos y siete postres para escoger, todo ello por menos de 29 euros. Una opción muy atractiva, especialmente teniendo en cuenta el entorno. Aun así, hoy tenemos ganas de probar carta
Comenzamos con un matrimonio que cuesta encontrar tan bien ejecutado: boquerón y sardina. Si alguien me pregunta cuál es el matrimonio más feliz, probablemente sea este. El producto es claramente de calidad: anchoas carnosas, bien curadas, y boquerones limpios, sabrosos y equilibrados.

Continuamos con un carpaccio de Black Angus —una raza bovina de origen escocés conocida por su infiltración de grasa y su ternura— con parmesano y un ligero toque de trufa. Aquí la trufa acompaña sin tapar, aportando aroma, mientras que la carne habla sola solo de verla en el plato.
Para equilibrar, una parrillada de verduras con una emulsión de alioli excelente, suave, sabrosa y de esas que no repiten y te dejan una tarde perfecta.
De platos principales, optamos por un arroz de pato con setas shiitake, una variedad muy aromática y carnosa, habitual en la cocina asiática. Un punto muy a favor: no es necesario pedirlo para dos personas. Es una ración individual, servida en una lata que ya indica que se ha acabado de cocer al horno. Sabroso, bien ligado y reconfortante. La otra elección es un filete de ternera, tierno, hecho exactamente al punto deseado. Se puede acompañar de patatas fritas caseras o de pimientos de Padrón —unos pican y otros no—, y en este caso todos perfectos, ninguno traicionero, pero absolutamente adictivos.

Postres ligeros para redondear la experiencia
Los postres mantienen el nivel. Una tarta Sacher vegana y sin gluten, apta para todos, con un interior tan cremoso que casi recuerda a un coulant, y un milhojas de chocolate blanco con frambuesas, donde la acidez de la fruta equilibra el dulce y deja un final ligero y redondo. El café lo volvemos a tomar en la terraza, al sol, sin prisas. De aquellos momentos en que no tienes ninguna gana de marchar

El Lakehouse Bistrot es la prueba de que no hace falta formar parte de un resort residencial de alto standing para disfrutarlo. Es un plan ideal para escaparse tanto desde Tarragona como desde Barcelona, pasar el día rodeado de naturaleza, silencio y buena cocina, y regalarse —ni que sea por unas horas— un gusto de lujo tranquilo y accesible.