Hay restaurantes que forman parte del paisaje de un lugar, y Sa Malica es uno de esos nombres que, en Blanes, suenan a cocina de mar, a arroces hechos con oficio y a comidas tranquilas mirando el horizonte. Situado justo delante de Sa Palomera, el restaurante —que también funciona como hostal— lleva años siendo una parada habitual tanto para gente del territorio como para visitantes que buscan comer bien sin artificios, con producto y vistas privilegiadas.
Sa Malica es de esos lugares que no necesitan reinventarse constantemente porque tienen claro qué hacen bien. Su cocina bebe de la tradición marinera de la zona, con especial atención a los arroces y fideuás, y lo hace con una regularidad que explica por qué se ha convertido en un clásico. Nosotros fuimos a probar el menú de fin de semana (36 €), una fórmula muy bien pensada para disfrutar sin complicaciones.
Tradición en cada plato
El menú comienza con tres entrantes para compartir que ya marcan el tono. Primero, una ensalada fresca y muy bien resuelta, con una vinagreta intensa —diría que con mostaza— que liga a las mil maravillas con la naranja, la uva, la granada, las aceitunas negras y el 'mató'. Una combinación equilibrada, con dulzor, acidez y cremosidad, ideal para abrir el apetito.

Llegan después unos mejillones a la marinera fresquísimos, de esos que se comen sin darse cuenta, uno detrás de otro, con una salsa sabrosa pero limpia. Y a continuación, unos calamares a la andaluza que merecen mención aparte: rebozado finísimo, nada pesado, y calamar tierno y sabroso. No es fácil encontrar buenos calamares fritos, y aquí demuestran que saben hacerlo.
De segundos, optamos por compartir una paella marinera y una fideuá marinera. En ambos casos, con gambas y cigalas frescas, bien presentes y bien tratadas. El arroz, con un punto de cocción muy acertado, sabroso pero equilibrado, de esos que puedes comer con tranquilidad sin acabar saturado. La fideuá, con fideos finos que salen rectos del horno, tenía un sabor más intenso, muy marinero, y venía acompañada de un alioli suave, fino, que no repite y acompaña sin tapar.

Vale la pena destacar que el menú ofrece más opciones de segundo, como corvina a la brasa, calamares rellenos, entrecot o arroz con bogavante, lo que lo hace aún más atractivo si vuelves o vas en grupo. El menú incluye vino de la casa, agua y postres. Nosotros terminamos con un tiramisú ligero, aireado y perfecto después de una comida completa, y un brownie de chocolate más intenso, para los más golosos.
Sa Malica es una excusa perfecta para pasar el día en Blanes: pasear por el paseo marítimo, llegar hasta Sa Palomera —la gran roca que marca simbólicamente el inicio de la Costa Brava— y sentarse a la mesa frente al mar. Uno de aquellos lugares que no fallan, ideales para desconectar, comer bien y recordar por qué los clásicos lo son por algo