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La crema de calabaza puede tener buen sabor y, aun así, quedar un poco granulosa o poco agradable en la boca. Ante esto, es habitual pensar que le falta nata, queso o una patata que le dé más cuerpo. Pero a menudo el cambio se encuentra en el paso final: triturarla mejor. Dedicar más atención a este momento, con la calabaza bien cocida y la cantidad de líquido controlada, permite obtener una textura más fina con los mismos ingredientes.

Con los tiempos más controlados el resultado que conseguimos es muy interesante

El triturado necesita un poco más de tiempo

Cuando los trozos grandes desaparecen, es fácil dar el trabajo por terminado. Sin embargo, aún pueden quedar pequeñas fibras o fragmentos que se notan cuando comemos. Continúa triturando un poco más, desplazando la batidora para que trabaje todo el contenido de la olla. Detente de vez en cuando y comprueba la textura con una cuchara. El criterio es que la crema quede homogénea, sin pequeños trozos que interrumpan la sensación suave.

Calabaza unsplash

Antes, sin embargo, asegúrate de que la calabaza esté realmente tierna. Pincha uno de los trozos más gruesos: el tenedor debe entrar sin esfuerzo. Si el centro aún está firme, alarga la cocción antes de triturar. También conviene cortarla en piezas similares desde el principio, para que lleguen al punto a la vez. Una batidora puede deshacer una verdura poco cocida, pero cuesta más conseguir un resultado uniforme cuando mezclamos trozos de consistencias diferentes.

La cantidad de caldo también condiciona el resultado. Si pones demasiado, obtendrás una sopa fina que difícilmente tendrá el cuerpo de una crema espesa. Puedes reservar una parte del líquido antes de triturar y reincorporarlo gradualmente hasta que encuentres la consistencia que te gusta. Así controlas mejor el acabado. 

El detalle final para conseguir una textura sedosa

El aparato que utilizas puede marcar diferencias. Hay quien propone acabar el triturado en una batidora de vaso, trabajando en varias tandas, para obtener un resultado especialmente sedoso. Si lo haces así, comprueba que el aparato sea apto para preparaciones calientes y respeta las instrucciones del fabricante. Con una batidora de mano, trabaja fuera del fuego y mantén el cabezal sumergido para evitar salpicaduras.

Si todavía notas fibras, tienes un último recurso: pasarla por un colador fino. Esta técnica, que sirve para conseguir una consistencia más aterciopelada, retiene los fragmentos que hayan resistido el triturado. Ayúdate de una cuchara o una espátula para hacer pasar la crema con suavidad. Es un paso útil cuando buscas un acabado más delicado para servirla como primer plato.

Finalmente, comprueba su espesor antes de llevarla a la mesa. Debe deslizarse de la cuchara con continuidad y conservar suficiente cuerpo para resultar agradable. Si necesita calentarse, hazlo suavemente y remueve para que la textura se mantenga uniforme. La receta sigue siendo la misma; lo que cambia es la atención a los últimos minutos, cuando una calabaza bien cocida se transforma en una crema fina y sedosa.