Si quieres recalentar un plato de pasta, nunca deberías hacerlo como si se tratara de un plato de arroz blanco

Recalentar pasta parece fácil, pero es una de las cosas que más a menudo se hacen mal en casa. Mucha gente pone el plato directamente en el microondas, como haría con un arroz blanco, y espera que en un par de minutos vuelva a quedar bien. Pero la pasta no se comporta igual. Cuando se enfría, pierde humedad, la salsa se espesa y el almidón hace que todo quede más compacto. Si simplemente se calienta sin ningún cuidado, el resultado acostumbra a ser una pasta seca, pegada, con partes demasiado calientes y otras todavía frías. Por eso, si quieres recuperar un plato de pasta, lo mejor es tratarlo como una receta que necesita volver a ligarse, no como una sobra cualquiera.

Recuperar la pasta requiere mucho más que una simple fuente de calor

La pasta necesita humedad para volver a quedar bien

El gran error es pensar que solo le falta calor. En realidad, a un plato de pasta recalentado le falta sobre todo humedad. Cuando la salsa pasa unas horas en la nevera, se endurece y queda absorbida por la pasta. Esto es especialmente evidente con macarrones, espaguetis, tallarines o cualquier pasta con salsa de tomate, nata, queso o pesto.

Pasta bullint. Foto: Pexels
Pasta hirviendo. Foto: Pexels

Por eso no se debería recalentar como un arroz blanco, que puede aguantar mejor un calentón rápido con un poco de vapor. La pasta necesita que la salsa vuelva a emulsionar, que se reparta y que recupere una textura más sedosa. Si no, queda pesada y poco agradable. Una manera sencilla de hacerlo es pasarla a una sartén a fuego suave y añadir una pequeña cantidad de agua, caldo o incluso un poco del agua de cocción si se ha guardado. No hace falta poner mucha. Solo unas cucharadas, suficientes para que la salsa se despierte y vuelva a envolver la pasta.

La sartén es mejor aliada que el microondas

La sartén permite controlar mucho mejor el resultado. Hay que calentar la pasta a fuego medio-bajo, removiendo con suavidad, hasta que la salsa recupere textura. Si queda demasiado espesa, se añade un poco más de líquido. Si queda demasiado floja, se deja reducir unos segundos. Este proceso es corto, pero hace una diferencia enorme.

En cambio, el microondas calienta de manera más irregular. Puede dejar los bordes secos, el centro frío y la salsa cortada o demasiado espesa. Si no hay más remedio que usarlo, conviene tapar el plato y añadir un poco de agua antes de calentarlo en intervalos cortos, removiendo entre tanda y tanda. También es importante entender qué tipo de salsa lleva la pasta. Si es de tomate, unas gotas de aceite de oliva pueden ayudar. Si es de queso o nata, es mejor recalentar muy suavemente para que no se corte. Si es pesto, conviene añadirlo casi al final, para que no pierda aroma.

Así pues, si quieres recalentar un plato de pasta, no lo trates como un plato de arroz blanco. La clave no es solo calentar, sino devolverle humedad y movimiento a la salsa. Con una sartén, un poco de agua y fuego suave, la pasta puede volver a quedar cremosa, sabrosa y mucho más digna.