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La patata de Prades tiene un detalle que sorprende antes de hablar de recetas: su aroma recuerda al de las castañas. La carne blanquecina, el gusto dulce y persistente y la textura harinosa completan el carácter de un producto vinculado a las montañas de Prades. Amparada por una indicación geográfica protegida, esta patata crece en unas condiciones que alargan su desarrollo y permiten una única cosecha anual. En la cocina, su consistencia la convierte en una buena compañera de los guisos.

Un producto muy apreciado para hacer los típicos platos de la cocina catalana de siempre

Una patata marcada por el clima y la altitud

Según recoge la Gastroteca, el suelo, las condiciones climatológicas y la altitud de los cultivos, a más de mil metros, contribuyen a darle unas características propias. A este entorno se añade una larga tradición agrícola, con un cultivo que ya tenía importancia en el siglo XIX. Por lo tanto, detrás del nombre de Prades hay tanto una procedencia como una manera de trabajar un tubérculo arraigado al territorio.

Patatas Pexels

Las patatas que quedan amparadas por la IGP son de la variedad kennebec y tienen un calibre comprendido entre los 40 y los 80 milímetros. Presentan una piel muy lisa, dura y consistente, mientras que el interior es blanquecino. Son rasgos que ayudan a describir el producto, pero su personalidad también se reconoce cuando llega al plato: una textura consistente y harinosa, acompañada de un sabor que se mantiene después de cada mordisco.

El ciclo vegetativo largo explica que solo se haga una cosecha al año. La Gastroteca relaciona este ritmo de crecimiento con la calidad y la consistencia de la patata. Es una característica de su cultivo que ayuda a entender por qué el calendario agrícola tiene tanto peso en el resultado final. La patata necesita completar este proceso antes de llegar a las tiendas y, finalmente, a las cocinas.

Por qué funciona tan bien dentro de una cazuela

Aunque admite todo tipo de preparaciones culinarias, su consistencia la hace especialmente adecuada para los guisos. En una cazuela con sofrito, caldo y una cocción pausada, la patata tiene un papel que va más allá de completar la ración. Puede convertirse en una de las partes más esperadas del plato, sobre todo cuando comparte cuchara con la salsa y el resto de ingredientes de la receta.

Esto permite llevarla a elaboraciones cotidianas, desde un estofado de carne hasta unas patatas con verduras o una cazuela de pescado. También se puede preparar de manera sencilla para apreciar mejor su sabor, sin cubrirla con condimentos muy intensos. El aroma de castaña que describe la Gastroteca es un rasgo del tubérculo: no significa que lleve este ingrediente ni que haya que añadirlo para cocinarlo.

A la hora de comprar, la identificación de la IGP permite reconocer las patatas amparadas por esta denominación. Y, una vez en casa, no hay que reservarlas para una ocasión especial. Su interés es precisamente descubrir qué aporta un producto concreto a recetas conocidas. Una cazuela de patatas puede parecer un plato sencillo, pero elegir la variedad y la procedencia también forma parte de cocinarlo con atención.