Un nutricionista explica por qué comer la mandarina con piel: "Parece una locura, pero yo lo hago a menudo"

La manera habitual de comer una mandarina parece casi automática: retirar la piel, separar los gajos y, si tenemos paciencia, eliminar también todos aquellos hilos blancos que quedan pegados a la fruta. Lo hemos hecho siempre porque tienen una textura más fibrosa y un punto amargo que no resulta especialmente atractivo. Pero algunos nutricionistas proponen mirar esta parte de la mandarina de otra manera. Tanto el albedo, que es la capa blanca situada bajo la piel, como la propia piel contienen fibra y compuestos vegetales interesantes. Por eso hay quien incluso se atreve a comer mandarinas enteras cuando tienen una piel especialmente fina: "Parece una locura, pero yo lo hago a menudo".

Comer toda la mandarina no es una decisión nada habitual

Los hilos blancos no son una parte que haya que eliminar

El albedo es probablemente la parte que más a menudo acaba en la basura. Estos filamentos blancos contienen pectina, un tipo de fibra soluble presente de forma natural en los cítricos. La fibra contribuye al funcionamiento intestinal y también ayuda a hacer que la fruta resulte más saciante.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Además, esta zona y la piel exterior contienen flavonoides, compuestos vegetales característicos de los cítricos. Entre ellos hay sustancias como la hesperidina, que forma parte de los antioxidantes presentes naturalmente en la mandarina. Esto no significa que sea necesario empezar a comer la piel para obtener beneficios: los gajos siguen siendo una fruta nutritiva y aportan vitamina C, agua, fibra y otros micronutrientes.

Pero sí que existe una conclusión mucho más sencilla: retirar obsesivamente todos los hilos blancos no aporta ninguna ventaja nutricional. Si su textura no molesta, se pueden comer perfectamente junto con los gajos y aprovechar así un poco más de fibra.

Comer la piel es posible, pero no es obligatorio

El paso más sorprendente es consumir también la capa exterior. La piel de la mandarina es comestible y puede utilizarse rallada en postres, ensaladas, salsas o infusiones. Algunas personas también comen la fruta entera cuando encuentran variedades pequeñas con una piel fina y poco amarga. En este caso es importante lavar muy bien la mandarina antes de consumirla, especialmente si nos vamos a comer la superficie exterior. La textura y el amargor explican que culturalmente hayamos preferido descartar esta parte, y no pasa absolutamente nada si seguimos haciéndolo.

La idea del nutricionista no consiste tanto en obligarnos a comer la mandarina como si fuera una manzana, sino en dejar de considerar automáticamente inútil todo aquello que rodea los gajos. Los hilos blancos se pueden comer sin problema y la piel también tiene usos gastronómicos interesantes. Quizás no haya que llegar a su extremo de comerla entera, pero la próxima vez vale la pena pensárselo antes de arrancar hasta el último hilo blanco.