Las mejores croquetas no solo son catalanas, las que se hacen al estilo japonés quedan cremosas y deliciosas

Las croquetas forman parte de aquellos platos que mucha gente asocia directamente a la cocina catalana, pero no son patrimonio exclusivo de ninguna tradición. En Japón también tienen su propia manera de entenderlas, y el resultado puede sorprender mucho con croquetas más suaves, más melosas y con un punto de sabor profundo que las hace diferentes. La base sigue siendo reconocible, con pollo, cebolla, mantequilla, aceite, harina y leche, pero el estilo japonés añade detalles que cambian completamente el resultado. La salsa de soja, el aceite de sésamo, el caldo de pollo e incluso un poco de gelatina ayudan a crear una masa más cremosa, intensa y muy agradable.

Hacer unas buenas croquetas no implica tener que seguir el estilo de siempre

El secreto está en una masa más melosa

Para preparar estas croquetas niponas, la base puede empezar con 200 gramos de pechuga o solomillo de pollo y 200 gramos de cebolla. Si se quiere un gusto más dulce y concentrado, también se puede usar cebolla caramelizada, con unos 60 gramos es suficiente. Este detalle ya marca una diferencia importante, porque aporta profundidad sin necesidad de cargar la masa.

@inigoisaosakai

Receta: Pechuga o solomillo de pollo 200g Cebolla 200g o Cebolla caramelizada 60g Caldo de pollo 500g Mantequilla 20g Aceite de oliva 20g Harina 50g Leche 500g Gelatina 4g Salsa de soja 20g Aceite de sésamo 10g Sal 3g Croquetas niponas! En el vídeo las sirvo con una mayo de gochujang y polvo de cebolla caramelizada!! Brutal!!

♬ sonido original - Iñigo Isao Sakai /Gastronomía

El caldo de pollo también juega un papel clave. Con unos 500 gramos, la masa gana sabor desde el principio y no depende solo de la leche. La combinación con 500 gramos de leche permite conseguir una textura cremosa pero con más carácter. No queda una croqueta plana, sino una masa con gusto real de pollo. La base grasosa se puede hacer con 20 gramos de mantequilla y 20 gramos de aceite de oliva. Después se añaden 50 gramos de harina para formar el roux, que será lo que dará cuerpo a la preparación. Aquí conviene cocinar bien la harina, sin prisa, para que pierda el gusto crudo y ayude a ligar una masa fina.

Soja, sésamo y gelatina para cambiarlo todo

El toque japonés llega sobre todo con la salsa de soja y el aceite de sésamo. Con 20 gramos de soja y 10 gramos de aceite de sésamo, la masa gana un punto salado, tostado y aromático muy diferente al de las croquetas más tradicionales. No se trata de hacer una croqueta extraña, sino de añadirle una capa de sabor que la hace más profunda. La gelatina es otro detalle importante. Con solo 4 gramos, ayuda a dar una textura más cremosa y estable cuando la masa se enfría. Después, cuando la croqueta se fríe, el interior queda más meloso y agradable. Es un pequeño truco que puede marcar la diferencia entre una croqueta correcta y una croqueta memorable.

También hay que ajustar la sal con cuidado. Con la soja ya hay un punto salado, así que unos 3 gramos pueden ser suficientes, siempre probando la masa antes de enfriarla. Una vez hecha, la masa se tiene que dejar enfriar bien antes de dar forma a las croquetas. Después se pueden rebozar y freír hasta que queden doradas por fuera y muy cremosas por dentro. Si se quiere llevar la idea todavía más lejos, se pueden servir con una mayonesa de gochujang y un poco de polvo de cebolla caramelizada.

Así pues, las croquetas al estilo japonés demuestran que este plato todavía tiene mucho recorrido. Con pollo, caldo, soja, sésamo y un poco de técnica, se puede conseguir una versión cremosa, diferente y deliciosa.