Cuando una persona entra por primera vez en un restaurante, a menudo busca algo que le dé seguridad. Una hamburguesa, una pasta boloñesa, unas bravas o aquel plato que sabe exactamente cómo debería ser. Es una manera cómoda de evitar sorpresas y asegurar una experiencia más bien previsible. Pero hay otra manera de mirar una carta que cada vez comparten más personas aficionadas a la gastronomía, como lo es evitar precisamente estos platos refugio cuando lo que quieren es entender de verdad cómo cocina aquel lugar.

La idea no es que una hamburguesa o una boloñesa sean malas opciones. De hecho, hay restaurantes extraordinarios que las hacen memorables. Lo que ocurre es que son platos tan estandarizados y tan pensados para gustar a todo el mundo que muchas veces explican menos del restaurante de lo que parece. Cuando un cliente quiere descubrir si detrás hay una cocina con personalidad, acostumbra a buscar otras pistas.

El alma de un restaurante no suele estar en aquellos platos que parecen más seguros y donde nunca se arriesga de ninguna de las maneras

¿Por qué muchas personas evitan los platos más cómodos cuando quieren juzgar un restaurante?

Los platos refugio tienen una virtud muy clara, ya que son fáciles de comparar porque casi todo el mundo sabe qué espera encontrar en ellos. Pero también tienen un inconveniente: muchos locales los trabajan para que sean seguros, repetibles y poco arriesgados. Una hamburguesa acostumbra a tener una estructura muy marcada. Lo mismo ocurre con una boloñesa o con determinadas pastas muy clásicas. Esto hace que el restaurante pueda esconder más fácilmente su manera real de cocinar detrás de una receta muy conocida.

Hamburguesa. Foto: Pexels
Hamburguesa. Foto: Pexels

Por eso hay personas que prefieren fijarse en platos que exigen más interpretación propia. Un guiso de la casa, una receta corta con pocos ingredientes, un pescado del día o alguna elaboración que parezca menos pensada para gustar a todo el mundo y más para explicar qué quiere hacer aquel cocinero con su cocina. También acostumbra a ser una manera de observar si hay temporalidad y adaptación de la carta.

Los platos que más información dan acostumbran a ser los menos espectaculares

Curiosamente, hay quien defiende que los restaurantes se descubren mejor con platos aparentemente sencillos. Una crema, unas verduras, un arroz o una elaboración muy corta dejan menos margen para esconder errores.

Aquí se ve si hay buena materia prima, si hay mano en la cocina y si existe una idea detrás de lo que llega al plato. También ayuda a detectar una cosa que muchas personas valoran cada vez más: si el restaurante está intentando agradar o está intentando cocinar. Esto no quiere decir renunciar a una hamburguesa si es lo que apetece. Pero sí entender que cuando lo que se busca es descubrir de verdad si un restaurante es bueno, muchas personas dejan de pedir aquello que ya conocen y prefieren dar una oportunidad a los platos que explican más cosas del lugar que los sirve.