El llamado trash cooking, o arte de cocinar con lo que normalmente tiraríamos, parece una moda reciente, pero en realidad muchas abuelas podrían decir aquello de “¡esto lo hacíamos hace décadas!”. Y no les faltaría razón. Aunque el nombre pueda sonar literal, “cocinar con basura", en realidad habla de algo mucho más interesante: aprovechar al máximo cada alimento, reducir el desperdicio y transformar restos que antes acababan en el cubo en platos sabrosos, creativos y totalmente comestibles. Una filosofía que conecta con la sostenibilidad, con el ingenio y con esa cocina de aprovechamiento que tantas familias practicaron por necesidad y que ahora vuelve como una tendencia consciente y responsable.
Qué es el "trash cooking" o el arte de cocinar con lo que tirarías a la basura
El trash cooking consiste en utilizar sobras de comidas anteriores o esas partes del producto que solemos descartar sin pensarlo. Hablamos de recortes de carne, restos de arroz, verduras algo mustias, pero también de ingredientes que antes se consideraban inutilizables: pieles de patata, cortezas de cítricos, vísceras de pescado, médula de atún o incluso partes poco habituales que, bien tratadas, aportan sabor y textura. El objetivo no es camuflar lo que queda, sino darle una segunda vida inteligente, convertirlo en croquetas, caldos, cremas, rellenos o guisos llenos de personalidad.

Esta mirada de “aprovechamiento total” no nace solo de la crisis o de la conciencia ecológica actual. En muchas culturas, especialmente en la cocina oriental, ha sido lo normal durante siglos: usar el alimento de principio a fin, honrar el producto y evitar el derroche. Lo que ahora llamamos trash cooking es, en parte, recuperar esa lógica y convertirla en un gesto cotidiano contra el desperdicio alimentario.
Los grandes chefs también han impulsado esta corriente. Cocineros como Ángel León o Ferran Adrià han demostrado que la creatividad puede surgir precisamente de lo que otros tirarían. En sus cocinas, las mermas se transforman en auténticas sorpresas gastronómicas, recordándonos que muchas veces el límite está solo en la imaginación. Pero no hace falta un restaurante de alta cocina: en casa podemos hacerlo de forma sencilla, con planificación, un poco de orden y ganas de experimentar.
Grandes chefs como Ferran Adrià han impulsado esta corriente
Para quien necesite ideas, existen recursos muy útiles, como recopilaciones de recetas centradas en reaprovechar sobras. Libros como “Resaborea, 40 recetas sin desperdicio”, disponible gratuitamente en la red, muestran que con cuatro trucos básicos es posible ahorrar, comer mejor y contaminar menos. Al final, el trash cooking no es una rareza: es una manera de cocinar con sentido común, de mirar a la nevera con otros ojos y de entender que, casi siempre, lo que pensamos que sobra todavía tiene mucho que ofrecer.

Y tú, ¿te animas a probar el trash cooking como gesto práctico, sostenible y creativo en tu día a día?