Cargando...

Hay pocas decepciones tan habituales como prepararse un café con ganas y descubrir, en el primer sorbo, que tiene un gusto demasiado amargo. A menudo tendemos a culpar el tipo de grano, pero el problema puede estar mucho antes: en la manera como lo hemos preparado. Una molienda demasiado fina, un agua excesivamente caliente o dejar que el café se extraiga durante demasiado tiempo puede provocar una sobreextracción y convertir una taza equilibrada en una bebida áspera y desagradable. La buena noticia es que, en muchos casos, corregirlo es mucho más sencillo de lo que parece.

Muchas veces un mal proceso de preparación hace que acabemos con un resultado decepcionante y con muy mal sabor de boca

El problema acostumbra a ser una extracción excesiva

Cuando preparamos café, el agua disuelve progresivamente diferentes compuestos presentes en el grano molido. Si este contacto se alarga demasiado o es excesivamente intenso, acabamos extrayendo sustancias que aportan un gusto más amargo. Esto es lo que se conoce como sobreextracción, una de las causas más frecuentes de un café poco agradable.

Taza de café. Foto: Pexels

La molienda tiene mucho que ver. Si el café está molido excesivamente fino, el agua circula con más dificultad y pasa demasiado tiempo en contacto con el producto. En este caso, probar una molienda ligeramente más gruesa puede ayudar a recuperar un sabor más equilibrado. También hay que controlar el tiempo: en un espresso, una referencia habitual son aproximadamente 25 o 30 segundos de extracción.

La temperatura también puede cambiar completamente el resultado. El agua excesivamente caliente puede favorecer la extracción de compuestos amargos. El rango recomendado se sitúa entre los 92 y los 96 °C. Si no tienes un termómetro, una solución doméstica es dejar reposar brevemente el agua después de que haya hervido antes de verterla sobre el café.

No todo depende del agua: el grano y la cafetera también cuentan

Otro factor importante es el mismo café. Los granos con tuestes muy intensos pueden presentar sabores más amargos, y los de variedad Robusta acostumbran a tener una amargura natural superior a los Arabica. Si buscas un resultado más suave, puedes optar por un Arabica de calidad y un tueste medio.

La proporción también es clave. Una orientación habitual es utilizar unos 60 gramos de café por litro de agua, aproximadamente 7 u 8 gramos por una taza de 125 mililitros. Poner demasiado café con poca agua puede producir una bebida desequilibrada y excesivamente intensa.

Y aún queda un detalle que a menudo pasa desapercibido: la limpieza. Los aceites y residuos de café se acumulan rápidamente dentro de la cafetera y pueden dejar sabores rancios o amargos. Por eso conviene enjuagarla regularmente y mantenerla descalcificada. Si el café te sale demasiado amargo, por lo tanto, antes de cambiar de marca prueba tres cosas: una molienda un poco más gruesa, una temperatura más controlada y una extracción más corta. A menudo, el problema no es el café, sino haberle pedido demasiado durante la preparación.