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Cuando llega la hora de cenar, una ensalada no siempre tiene que ser fría ni quedarse corta. Con patata, huevo y algunas verduras es posible preparar un plato completo, reconfortante y lo suficientemente ligero para la noche. La clave es servirla templada, aprovechando la patata recién cocida para que absorba mejor el aliño, y combinarla con una fuente de proteína como el huevo. El resultado es una ensalada sencilla, económica y muy fácil de adaptar a lo que tengamos en la nevera, sin necesidad de añadir salsas pesadas ni ingredientes muy sofisticados.

Una cena que demuestra que una ensalada no siempre te deja con hambre

Patata tibia, huevo y un buen aliño

Para dos personas, podemos utilizar unos 400 gramos de patata, dos o tres huevos, un puñado de tomates cherry, un poco de cebolleta y unas hojas verdes. También podemos añadir pepino, pimiento asado, aceitunas, alcaparras o unas judías verdes si queremos dar más volumen al plato sin hacerlo excesivamente contundente.

Ensalada de patata. Freepik

Las patatas se pueden hervir con piel para que mantengan mejor la textura. Cuando estén tiernas, pero aún firmes, las dejaremos enfriar solo unos minutos, las pelaremos si lo preferimos y las cortaremos en trozos regulares. Lo importante es aliñarlas mientras aún estén tibias, para que así absorban mucho mejor el aceite, la acidez y los aromas de la vinagreta.

Para el aliño, podemos mezclar aceite de oliva virgen extra, un poco de mostaza, zumo de limón o vinagre suave, sal y pimienta. Si queremos un resultado más fresco, podemos añadir perejil, cebollino o eneldo picado. No hace falta complicarlo mucho: la patata caliente ya ayuda a integrar todos los sabores y convierte una vinagreta muy sencilla en una salsa más redonda.

Una cena completa sin complicaciones

Los huevos se pueden cocer unos ocho o nueve minutos si queremos la yema firme, o un poco menos si preferimos que quede ligeramente cremosa. Una vez pelados, los cortaremos por la mitad o en cuartos y los incorporaremos al final para que no se deshagan demasiado al mezclar la ensalada.

La gracia de este plato es precisamente el contraste de temperaturas y texturas. La patata queda tibia y tierna, las verduras aportan frescura y crujiente, y el huevo completa la preparación con proteína. Si queremos hacerla más consistente, podemos añadir atún, garbanzos, lentejas o un poco de queso fresco, pero no es imprescindible para que funcione como plato único.

También es una receta perfecta para aprovechar patatas cocidas del día anterior. En este caso, solo hay que calentarlas ligeramente antes de aliñarlas para que recuperen una textura más agradable y vuelvan a absorber bien la vinagreta. Servida inmediatamente, esta ensalada resuelve una cena ligera con muy poco esfuerzo. El secreto es no convertirla en una ensalada fría sin gracia: la patata templada, el huevo y un aliño equilibrado hacen que sea más sabrosa, saciante y completa sin dejar de resultar fresca y fácil de digerir.