Cuando se corta una sandía, lo primero que acostumbra a llamar la atención es el color de la pulpa. Una tonalidad roja intensa parece indicar que la fruta será dulce, jugosa y llena de sabor, pero los cocineros advierten que esta pista no siempre es fiable. El color depende de la variedad, del grado de maduración e incluso de las condiciones de cultivo, pero no garantiza por sí solo una concentración elevada de azúcares. Antes de abrirla, hay un detalle mucho más útil como la mancha amarilla que aparece en una de las partes de la piel, precisamente la zona que ha estado en contacto con la tierra durante el crecimiento.
A la hora de elegir una sandía hay que elegir bien en qué hay que fijarse para saber si es buena
La mancha de la piel revela si ha madurado lo suficiente
Esta marca, conocida como mancha de campo, se forma mientras la sandía reposa sobre el terreno. Cuando es de un color amarillo cremoso, amarillo oscuro o incluso ligeramente anaranjado, acostumbra a indicar que la fruta ha pasado suficiente tiempo madurando en la planta. Durante este periodo, la sandía acumula azúcares y desarrolla mejor el sabor antes de ser cosechada.

En cambio, una mancha muy blanca, pálida o casi inexistente puede indicar que se ha recogido demasiado pronto. A diferencia de otras frutas, la sandía no sigue madurando de manera significativa una vez separada de la planta. Por lo tanto, una pieza cosechada antes de tiempo puede tener una pulpa muy roja, pero seguir siendo aguada y con poco sabor.
El color interior, de hecho, puede engañar. Hay variedades de sandía de rojo profundo, otras de color rosado e incluso algunas amarillas o naranjas. Todas pueden ser dulces si han madurado correctamente. Por eso, fijarse solo en la intensidad del rojo no permite comparar bien dos piezas de variedades diferentes ni saber cómo era la fruta antes de ser cortada.
El peso y el sonido ayudan a completar la elección
La mancha amarilla es una de las pistas más fiables, pero no es la única. Una buena sandía debe resultar pesada en relación con su tamaño. Este peso indica que conserva una cantidad elevada de agua y que el interior es jugoso. Entre dos piezas de dimensiones similares, normalmente conviene elegir la que cueste más de levantar. La piel también debería tener un aspecto más bien mate. Una superficie muy brillante puede ser señal de que la sandía todavía no había llegado al punto óptimo de maduración. Además, la pieza debe ser firme, sin zonas blandas, grietas profundas ni golpes que puedan haber deteriorado la pulpa.
El gesto tradicional de darle unos pequeños golpes también puede aportar información, aunque requiere un poco de práctica. Un sonido profundo, hueco y con cierta resonancia acostumbra a indicar que hay suficiente agua en el interior. Si el ruido es demasiado apagado o completamente sólido, la fruta puede estar poco madura o haber empezado a perder calidad.
Así, la sandía más roja del mostrador no tiene que ser necesariamente la mejor. Una mancha de campo amarilla y bien marcada, un peso elevado y una piel firme son señales mucho más útiles antes de comprarla. El color solo se puede comprobar cuando ya se ha abierto; la maduración real, en cambio, se empieza a leer desde fuera.