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Ver la televisión por la noche es una costumbre muy extendida, especialmente después de la jubilación, cuando los horarios son más flexibles y no existe la obligación de madrugar para trabajar. Sin embargo, convertirla en la actividad principal de las últimas horas del día puede empeorar la calidad del descanso. No se trata de prohibir la televisión, sino de evitar que ocupe todo el tiempo previo a dormir y sustituir parte de ese rato por una rutina más tranquila.

Una alternativa especialmente útil es dedicar los últimos minutos del día a leer, escuchar música suave, hacer ejercicios de respiración o simplemente preparar el dormitorio con menos estímulos. El objetivo es crear una transición clara entre la actividad del día y el sueño, algo que puede resultar más difícil cuando se permanece frente a una pantalla hasta el momento exacto de acostarse.

El problema no es solo la pantalla, sino también el horario

La televisión puede mantener al cerebro más activado de lo que parece. Noticias, series intensas, deportes o programas de entretenimiento prolongan la atención y pueden retrasar la sensación natural de sueño. Además, si se ve desde el sofá durante muchas horas, también aumenta el tiempo sedentario al final del día.

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En muchas personas mayores, este hábito se combina con quedarse dormido delante del televisor y despertarse después para ir a la cama. Ese sueño fragmentado puede alterar la rutina nocturna y hacer que cueste más volver a conciliar el sueño una vez en el dormitorio.

Una rutina más tranquila prepara mejor para dormir

Cambiar los últimos treinta o sesenta minutos del día puede ser suficiente. Leer unas páginas, escuchar la radio a un volumen bajo, realizar estiramientos suaves o conversar sin pantallas son opciones que reducen el nivel de estimulación y ayudan a asociar esa parte de la noche con descanso. También conviene mantener horarios relativamente regulares. Acostarse y levantarse aproximadamente a la misma hora ayuda al organismo a mantener un ritmo estable, incluso cuando ya no existen obligaciones laborales.

Esto no significa que haya que eliminar por completo la televisión. El problema aparece cuando verla hasta muy tarde se convierte en una rutina diaria y desplaza otros hábitos más favorables para el sueño. Si existe insomnio persistente, somnolencia durante el día, ronquidos intensos o despertares frecuentes, conviene consultar con un profesional sanitario. En la jubilación, descansar bien depende muchas veces de pequeños cambios. Apagar la televisión un poco antes y crear una rutina más relajada puede ayudar a que el cuerpo entienda que el día ha terminado y que ha llegado el momento de dormir.