En algunas de las regiones más calurosas del planeta existe un sistema de refrigeración natural que funciona desde hace siglos sin electricidad. Se trata del malqaf, una técnica tradicional de arquitectura egipcia que está despertando un nuevo interés entre arquitectos y expertos en sostenibilidad.
Este método se desarrolló en zonas donde las temperaturas pueden superar fácilmente los 40 grados durante gran parte del año. Su objetivo era sencillo y pasa por mantener las casas frescas aprovechando únicamente el movimiento natural del aire y algunos principios básicos de física. Nada de aires acondicionados.
El malqaf: una torre que captura el viento
El malqaf consiste en una torre alta construida en la parte superior de los edificios. Esta estructura tiene aberturas orientadas hacia la dirección de los vientos predominantes. Cuando sopla la brisa, la torre actúa como un captador natural que dirige el aire hacia el interior de la vivienda. Ese aire desciende por el interior del edificio y se distribuye por las distintas habitaciones.
En muchas construcciones tradicionales, el aire que entra pasa primero por zonas donde hay agua o materiales húmedos. Al entrar en contacto con esa humedad, el aire caliente se enfría de forma natural. El resultado es un flujo constante de aire más fresco que reduce notablemente la temperatura interior de la casa.
Un sistema natural que vuelve a ponerse de moda
El funcionamiento del sistema también ayuda a expulsar el aire caliente del interior. A medida que el aire fresco entra y baja por la vivienda, empuja el aire caliente hacia otras aberturas superiores, creando una ventilación continua. Este principio, basado en la circulación natural del aire, permite refrescar las estancias incluso en climas extremadamente cálidos sin necesidad de utilizar aire acondicionado.
Hoy en día, muchos arquitectos están recuperando esta técnica milenaria para diseñar edificios sostenibles. En un contexto de aumento de temperaturas y consumo energético, sistemas como el malqaf demuestran que algunas soluciones del pasado pueden ser clave para el futuro de la arquitectura. La idea es simple pero eficaz ya que busca aprovechar el viento y la evaporación del agua para crear un sistema de refrigeración natural capaz de hacer más soportables temperaturas que superan los 40 grados sin gastar electricidad.
