La falta de vigilantes de seguridad se ha convertido en un problema dificil de solucionar. Empresas incapaces de cubrir turnos, servicios externalizados bajo mínimos y una rotación constante de trabajadores reflejan una realidad que va más allá de la simple escasez de candidatos. Sime, vigilante de seguridad en activo, pone el foco en lo que considera la raíz del problema, porque los salarios actuales no compensan ni los riesgos ni la responsabilidad del puesto.

Desde dentro del sector se insiste en que no se trata de un trabajo sencillo. Vigilancia nocturna, turnos rotativos, festivos, situaciones de riesgo, trato con el público y, en muchos casos, una elevada presión psicológica desafían el día a día del trabajador. Sin embargo, los sueldos que se ofrecen siguen siendo bajos y poco atractivos.

Un salario que no compite con la realidad actual

Sime sostiene que el sector debería situar el salario mínimo mensual en torno a los 1.700 euros si realmente quiere atraer y retener profesionales. Con las retribuciones actuales, explica, muchos trabajadores abandonan el puesto en cuanto encuentran una alternativa mejor. Y no son pocas las opciones. Otros directamente descartan entrar en la seguridad privada.

El problema no es solo la cantidad, sino la relación entre salario y carga laboral. Jornadas largas, horas nocturnas mal compensadas y responsabilidades legales importantes contrastan con unas nóminas que apenas permiten llegar a fin de mes.

Falta de personal y pérdida de calidad en el servicio

Las empresas se ven obligadas a contratar con urgencia, reducir requisitos o sobrecargar a las plantillas existentes. Esto repercute en la calidad del servicio, aumenta el riesgo de errores y genera un mayor desgaste entre los trabajadores que permanecen en el sector. Sime advierte de que no se puede exigir profesionalidad, formación y compromiso si no se ofrecen condiciones acordes. La seguridad privada cumple una función clave, sin embargo, esa responsabilidad no se refleja en los convenios ni en los salarios.

El vigilante considera que, si no se produce un cambio real en las condiciones económicas, la situación irá a peor. La falta de personal no es coyuntural, sino el resultado de años de precarización. Sin una subida salarial será imposible atraer nuevos perfiles y mantener a los profesionales con experiencia. Así pues, la reivindicación de salarios en torno a los 1.700 euros mensuales es una necesidad para garantizar la viabilidad del sector. Según Sime, pagar mejor no solo permitiría encontrar personal, sino también dignificar una profesión esencial.