Raphinha siempre predica que rendirse no es una opción. Él no lo hizo nunca, ni siquiera en los momentos más complicados de su vida, donde llegó a plantearse la posibilidad de abandonar el fútbol. Por suerte, tuvo paciencia, y el tiempo le dio la recompensa que tanto se merecía. No solamente a él, también a su madre, que hizo un esfuerzo enorme para criarlo, y que tuvo que trabajar en muchos sitios para asegurarse de que no le faltara de nada.
“El caso es que yo quería ser futbolista desde los siete años, así que nunca terminé la escuela. Eso significaba que tendría que buscar trabajo en un supermercado, una peluquería o algo parecido. Sabía lo que era esa vida, porque mi madre había cambiado de trabajo muchísimas veces. Su currículum debía de ser larguísimo. Peluquera, manicurista, vendedora de perfumes y ropa, recepcionista, camarera, etcétera, etcétera, etcétera. Finalmente, ahorró lo suficiente para sacarse un título universitario y ahora hacía lo que le apasionaba: trabajar con niños con dificultades de aprendizaje. Ella nunca se rindió, ¿sabes?”, aseguró el capitán del Barça.
Y estos valores que le inculcaron al atacante brasileño sirvieron para que no tirara la toalla, a diferencia de su tío, quien sí que lo hizo. “Mi tío también llegó a ser futbolista profesional, pero lo dejó porque echaba de menos a sus amigos y familiares. No pienso hacer lo mismo, pero entiendo cómo se sentía. La gente cree que solo existimos para correr tras un balón durante 90 minutos cada fin de semana, pero también somos seres humanos, y muchos tenemos que sobrellevar la distancia con nuestros seres queridos. El precio es muy alto, sobre todo cuando vienes de lejos como yo. No ves crecer a tus amigos. No conoces a sus hijos. Cuando tus abuelos enferman, no puedes estar ahí para ayudarlos. Como vengo de una favela, también he perdido a muchos amigos por culpa del crimen. Muchos están en la cárcel. Algunos han muerto. Nunca pudimos despedirnos”, añadió el futbolista de 29 años.
Y finalizó halagando la figura de Thierry Henry, su ídolo de la infancia, y que también jugó en la Premier League y en el Barça, como ha podido hacer Raphinha. “Veía la Premier League con mi padre en los canales de televisión abierta. Henry era una pasada. Las carreras, las jugadas... ¡era una locura! También recuerdo que los estadios siempre estaban llenos. Los cánticos, los gritos. El ruido. No recuerdo los detalles, pero probablemente estaba sentado en un bar destartalado en Restinga cuando hice la promesa: «Algún día jugaré allí»”, sentenció.