Cargando...

Quevedo ha hablado sin rodeos sobre el precio psicológico que pagó después de convertirse en una estrella mundial. El artista grancanario, de 24 años, reconoce que las críticas dejaron de parecerle opiniones y comenzaron a afectar a su vida. Los comentarios sobre su música, su cuerpo, su forma de vestir y su entorno terminaron atravesando una barrera que creía tener controlada.

“Por momentos me han destrozado la vida”, confesó en El sentido de la birra. La frase resume el impacto de una exposición repentina que llegó cuando apenas tenía veinte años. En poco tiempo pasó de intentar vivir de sus canciones a ocupar listas, llenar recintos y convertirse en objeto de análisis permanente. El éxito avanzó más rápido que su capacidad para asimilarlo, sin saber cómo gestionarlo todavía.

Las críticas dejaron de referirse solamente a su música

Quevedo explica que una cosa es recibir opiniones sobre una canción y otra muy distinta soportar ataques continuos contra la persona. Cuando los comentarios cuestionan el físico, la personalidad, los amigos o la familia, el artista ya no puede separarlos del trabajo. Cada publicación abre una puerta a desconocidos capaces de juzgar aspectos íntimos sin conocer su realidad.

SHARE FESTIVAL Quevedo / Foto: Montse Giralt

La presión terminó manifestándose físicamente. El cantante ha contado que sufría ansiedad, dormía poco y enfermaba con frecuencia. También llegó a preguntarse si seguía eligiendo su vida o simplemente respondía a una agenda construida por el éxito. En el momento de mayor crecimiento profesional decidió detenerse, alejarse de la exposición y recuperar su cotidianeidad.

Parar también fue una forma de protegerse

Durante aquel periodo reconoció haber atravesado una depresión y tener dificultades para levantarse de la cama o encontrar motivación. No buscó ayuda psicológica entonces, algo que hoy relata con una honestidad inusual. Su testimonio muestra que disponer de dinero, reconocimiento y oportunidades no protege frente al sufrimiento emocional ni convierte las críticas en algo inocuo.

Ahora intenta relacionarse de otra manera con la fama, mantener cerca a sus amigos y recuperar decisiones que le recuerdan quién era antes del éxito. Quevedo no pide que desaparezca la crítica artística, sino que se entienda la diferencia entre valorar una obra y destruir a quien la crea. Detrás del personaje público existe una persona joven, vulnerable y expuesta. Hablarlo convierte su experiencia en una advertencia: la popularidad puede cumplir un sueño y, al mismo tiempo, deteriorar la vida de quien no encuentra espacio para protegerse.