En los últimos años, ha crecido el debate sobre el tipo de tareas que se asignan en la escuela. Muchos padres y alumnos cuestionan por qué aún se pide comprar una cartulina para hacer un mural o preparar un resumen escrito, cuando existen herramientas digitales que podrían sustituir estas actividades. El profesor y pedagogo Sergi Vidal, desde su proyecto Educación con Emoción, ofrece una explicación pedagógica que va más allá de la simple tradición escolar: estas actividades tienen un valor educativo vinculado al desarrollo cognitivo, emocional y social de los alumnos, no solo a la adquisición de contenidos.

Aprender haciendo: el sentido pedagógico de tareas como cartulinas y resúmenes

Según Vidal, los colegios siguen pidiendo tareas aparentemente “analógicas” como cartulinas para exposiciones y resúmenes escritos porque responden a principios pedagógicos que favorecen aprendizajes profundos. Estas actividades no son arbitrarias ni simplemente manuales; su finalidad está en fomentar habilidades complejas que la educación digital por sí sola no garantiza.

Por ejemplo, cuando un estudiante crea un póster o mural en cartulina, no solo reproduce información, sino que tiene que seleccionar ideas relevantes, jerarquizarlas, organizarlas visualmente y comunicar un mensaje claro a otros. Este proceso desarrolla competencias cognitivas —como síntesis, planificación y expresión— así como habilidades espaciales y de diseño, que son fundamentales para aprender a pensar con claridad.

Una profesora imparte clases en un coelgio. EP
Una profesora imparte clases en un colegio. EP

De la misma manera, escribir un resumen no consiste solo en copiar párrafos: obliga al alumnado a leer de forma activa, identificar ideas principales, reformularlas con sus propias palabras y establecer conexiones entre conceptos. Estos procesos implican una comprensión profunda del contenido, en lugar de una memorización superficial.

Estas tareas promueven también habilidades socioemocionales, como la gestión del tiempo, la perseverancia frente a un reto, la autoestima al presentar resultados propios y, en muchos casos, el trabajo en equipo cuando se comparte o expone el trabajo. En un contexto donde las pantallas dominan cada vez más, estas actividades “manuales” ofrecen pausas cognitivas y espacios para la reflexión, cruciales para integrar lo aprendido.

Además, Vidal recuerda que en educación se busca la interacción entre cabeza, corazón y manos. Que los alumnos manipulen materiales físicos y articulen ideas por escrito contribuye a integrar el aprendizaje con la experiencia sensorial, algo que investigaciones pedagógicas clásicas han defendido desde hace décadas.

Más allá de las tareas: enseñar a pensar y comunicar

Desde una perspectiva pedagógica moderna, las tareas como cartulinas o resúmenes no deben verse como “deberes antiguos”, sino como herramientas que complementan la enseñanza digital. El objetivo no es oponerse a la tecnología, sino equilibrar distintos modos de aprendizaje para que los estudiantes desarrollen pensamiento crítico, creatividad y capacidad de comunicar ideas complejas, habilidades que son esenciales tanto en el aula como fuera de ella.

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En definitiva, que los colegios sigan proponiendo estas actividades responde a una intención formativa: no solo aprender contenidos, sino aprender a aprender; no solo recibir información, sino transformarla en conocimiento personal y significativo. Esta es una pedagogía que valora la diversidad de formas de pensar y las múltiples inteligencias presentes en los alumnos, y que busca prepararles no solo para aprobar exámenes, sino para enfrentar con competencia los retos del mundo real.