Pedri aprendió a trabajar antes de llenar estadios y dirigir el juego del Barcelona. Su primera escuela no fue únicamente un campo de fútbol. La Tasca Fernando, el negocio familiar de Tegueste, también marcó su infancia. El centrocampista descubrió allí cuánto esfuerzo exigía mantener abierto cada día un pequeño bar.
Los padres de Pedri llevaban largas jornadas atendiendo a vecinos y visitantes. El niño observaba aquel esfuerzo familiar entre mesas, bandejas y conversaciones. Pedri no se limitaba a jugar cerca del local. Cuando podía, colaboraba con tareas sencillas. El trabajo familiar fue formando su carácter tranquilo, responsable y profundamente humilde.
Pedri no olvida sus orígenes humildes
Pedri recordó aquella etapa en una entrevista con la revista SEMANA. “Estuve fregando vasos y platos en el bar de mis padres y fue muy duro”, explicó. El futbolista no romantizó la experiencia. Pedri sabía que cada servicio escondía cansancio, horarios interminables y una familia trabajando para mantener el negocio.
El joven tampoco soñaba solamente con convertirse en futbolista profesional. Pedri quería aliviar la carga de sus padres. “Ojalá les pueda ayudar y no tengan que seguir trabajando tanto”, afirmó. Antes de firmar grandes contratos, el canario entendía el valor de colaborar. También sabía quiénes habían sostenido siempre su camino.
Siempre con los pies en el suelo
La Tasca Fernando funcionaba como una extensión de su casa. Pedri improvisaba partidos entre mesas y sillas y daba allí sus primeros golpes al balón. El bar se convirtió en su pequeño estadio. Mientras sus padres trabajaban, él imaginaba una carrera todavía lejana. El sueño empezó rodeado de clientes habituales.
La Unión Deportiva Las Palmas abrió la primera gran puerta. El Barcelona impulsó después su carrera hasta la élite. La inteligencia, la técnica y la lectura del juego aceleraron su progresión. Pedri, sin embargo, conservó su naturalidad. El jugador siguió hablando de Tegueste, de su familia y del negocio familiar.
El éxito de Pedri permitió cumplir aquella promesa. Sus padres pudieron dejar de trabajar en la Tasca Fernando. El bar cerró después de 53 años de actividad. Ese cierre no representó únicamente el final de un negocio. También significó el descanso merecido de una familia que había sacrificado incontables horas.
Pedri consiguió algo más importante para él que cualquier reconocimiento individual. El centrocampista pudo cuidar de quienes lo habían protegido cuando el fútbol todavía era una posibilidad incierta. El dinero no borró sus orígenes. Sus ingresos transformaron la vida familiar y devolvieron una parte del esfuerzo recibido durante tantos años.
