Las almohadas son uno de los elementos del descanso que más pasan desapercibidos en las rutinas de limpieza del hogar. Cada noche están en contacto directo con el rostro, el pelo y la piel, absorbiendo sudor, humedad y restos de productos cosméticos. Con el paso del tiempo, este entorno favorece la aparición de bacterias, ácaros y moho, que pueden afectar tanto a la higiene como a la calidad del descanso.

A pesar de ello, muchas personas evitan lavarlas por miedo a que se estropeen o pierdan su forma. Sin embargo, esta creencia no siempre es correcta. Con el método adecuado y ciertas precauciones, la mayoría de almohadas pueden limpiarse sin problemas y recuperar un aspecto más blanco, fresco y saludable.

Cómo lavar las almohadas en la lavadora sin dañarlas

Lavar las almohadas en la lavadora es posible, pero no en cualquier máquina ni de cualquier manera. Las lavadoras de carga frontal o las de carga superior sin agitador central son las más recomendables, ya que reducen el riesgo de deformaciones. En cambio, los modelos con agitador pueden dañar el relleno durante el lavado.

Antes de introducirlas en la lavadora, conviene realizar un remojo previo en agua caliente con un producto oxigenado, como el percarbonato de sodio, durante aproximadamente una hora. Este paso ayuda a eliminar manchas amarillentas, restos de sudor y malos olores.

Una vez en la lavadora, lo ideal es lavar dos almohadas a la vez para equilibrar la carga. Se recomienda usar poco detergente, preferiblemente líquido, y seleccionar un programa delicado o corto, con un centrifugado suave. De este modo, se limpia el interior sin castigar el material.

El secado, un paso clave para conservar su forma

El secado es tan importante como el lavado. Si se utiliza secadora, es aconsejable añadir bolas de secado o pelotas de tenis, que ayudan a repartir el relleno y evitan que se apelmace. El programa debe ser a baja o media temperatura, comprobando que la almohada quede completamente seca para evitar la humedad interior.

Si se opta por el secado al aire, lo mejor es colocarlas en posición horizontal, dándoles la vuelta cada cierto tiempo. Esto permite que conserven su forma original y se sequen de manera uniforme.

Alternativa: lavar las almohadas a mano

Para quienes prefieran una opción más suave, el lavado a mano también es efectivo. Basta con preparar una mezcla de agua tibia y detergente líquido, frotar las zonas más sucias con un paño y aclarar bien. En el caso de manchas persistentes, se puede aplicar agua oxigenada de forma localizada y dejar secar al aire libre. Este método requiere algo más de tiempo, pero es ideal para almohadas delicadas o antiguas que necesitan un cuidado extra.