Miguel Indurain pertenece a una generación de deportistas que vivió el ciclismo profesional de una manera muy diferente a la actual. Mucho antes de que los geles energéticos, las barritas específicas y la nutrición deportiva se convirtieran en una parte casi científica de cada etapa, los corredores se alimentaban con soluciones mucho más sencillas. El navarro lo resume con una frase que retrata perfectamente aquella época: “No tomábamos geles ni barritas, nos daban bocatas de jamón”.
La comparación con el ciclismo moderno resulta enorme. Hoy cada gramo de carbohidrato, cada bebida y cada recuperación están calculados, mientras que durante buena parte de la carrera de Indurain la alimentación en competición era mucho más tradicional. Bocadillos, fruta, bebidas azucaradas y alimentos fáciles de transportar formaban parte habitual del avituallamiento de corredores que, aun así, afrontaban jornadas larguísimas y desniveles extremos.
El ciclismo todavía estaba lejos de la nutrición milimetrada
Eso no significa que aquellos deportistas no cuidaran la alimentación. La diferencia estaba en el grado de conocimiento y especialización. Los equipos sabían que un ciclista necesitaba energía constante durante una etapa, pero no existía la misma variedad de productos diseñados específicamente para absorber carbohidratos rápidamente o controlar de forma exacta la hidratación.
Los bocadillos eran una solución lógica. Se podían preparar con facilidad, transportar y comer sobre la bicicleta. El jamón aportaba sabor y sal, mientras que el pan proporcionaba una fuente sencilla de carbohidratos. También era una manera de utilizar alimentos que los corredores conocían perfectamente y a los que estaban acostumbrados.
Indurain vivió la transformación del deporte desde dentro
Su recuerdo también sirve para entender cuánto ha cambiado el ciclismo en apenas unas décadas. Actualmente, los equipos cuentan con nutricionistas, cocineros y estrategias individualizadas para cada corredor. Incluso el momento exacto en el que se consume un gel puede estar previsto antes de empezar una etapa. Indurain compitió en una época en la que muchas de esas herramientas todavía estaban desarrollándose y, pese a ello, consiguió construir una de las carreras más importantes del ciclismo. Su generación aprendió a gestionar el esfuerzo con recursos mucho menos sofisticados.
La frase de los “bocatas de jamón” resume así mucho más que una anécdota gastronómica. Habla de un deporte menos tecnológico, más artesanal y todavía lejos del nivel de precisión actual. Indurain fue uno de los grandes campeones de aquella transición, cuando para enfrentarse a horas sobre la bicicleta no hacía falta abrir un gel: muchas veces bastaba con sacar un bocadillo del bolsillo.
