Juan López, jubilado, lo resume con una frase que muchos médicos y fisioterapeutas repiten cada vez más: “Cuidado con la jubilación, el cuerpo humano siempre debe estar en movimiento”. La advertencia no va contra descansar ni disfrutar de una nueva etapa, sino contra entender la jubilación como una parada total. Cuando desaparecen los horarios, los desplazamientos y las obligaciones diarias, el cuerpo puede empezar a moverse mucho menos sin que la persona se dé cuenta.
El problema no aparece de un día para otro. Primero se camina menos, luego se suben menos escaleras, después se evita cargar peso y, poco a poco, tareas normales empiezan a costar más. La jubilación puede traer libertad, pero también sedentarismo. Y ese cambio silencioso afecta a la fuerza, al equilibrio, a la movilidad y hasta al estado de ánimo.
Parar demasiado también envejece
La Organización Mundial de la Salud insiste en que cualquier movimiento cuenta. Caminar, bailar, hacer tareas domésticas, cuidar un huerto, nadar o subir escaleras son formas de actividad física. No hace falta convertirse en deportista a los 70 años, pero sí mantener una rutina que obligue al cuerpo a seguir trabajando.
En los jubilados, moverse no sirve solo para “estar en forma”. Ayuda a conservar autonomía. Una pierna fuerte reduce el riesgo de caídas, una espalda activa tolera mejor las tareas diarias y una caminata regular mejora la circulación. También hay un componente mental: salir de casa, tener horarios y mantener contacto social evita que los días se vuelvan demasiado iguales.
La clave es crear rutina
Juan López no habla de hacer grandes esfuerzos, sino de no quedarse quieto. La mejor estrategia suele ser sencilla como caminar todos los días, hacer ejercicios de fuerza suaves dos o tres veces por semana y añadir movimientos de equilibrio. Siempre adaptado a la edad, a las enfermedades y a las recomendaciones médicas de cada persona.
La jubilación debería ser una etapa para vivir mejor, no para apagar el cuerpo. Descansar es necesario, pero convertir el sofá en el centro del día puede pasar factura. Por eso el mensaje es claro: cuanto antes se mantiene una rutina activa, más fácil es conservar independencia. El cuerpo humano no entiende de nóminas ni de edad legal de retiro. Entiende de uso. Y cuando deja de usarse, empieza a perder lo que todavía podía conservar durante muchos años.
